|
.
Testigo privilegiado de
los acontecimientos de 1973, Pierre de Menthon, entonces Embajador
de Francia en Chile, fue también participante eminente. Le tocó
organizar y dirigir la complicada operación de acogida de los
centenares de chilenos que huían de la barbarie fascista y
buscaban refugio en la misión diplomática francesa.
Puso en esa tarea, más
allá del cumplimiento eficaz de una decisión de su gobierno,
connotaciones que quienes vivieron en carne propia la experiencia
del asilo no podrán olvidar: coraje, comprensión, generosidad;
dictados por la nobleza de sus sentimientos y por sus convicciones
cristianas, qué duda cabe, pero también por su intransigente
actitud antifascista.
De Menthon resumió sus
observaciones en un libro, Je témoigne, Québec 1967 -Chili 1973-,
en el cual una parte significativa está constituida por el texto
del diario de Françoise de Menthon, su esposa y compañera de
aquella peripecia que marcó tantas vidas.
En las páginas que siguen
se recogen extractos de ese diario, y su publicación obedece a una
doble motivación: rescatar por una parte, un testimonio de
indudable mérito documental, y por otra rendir a Pierre de Menthon
-que falleció este año, muy pocos meses después de haber aparecido
su libro- el homenaje que los demócratas chilenos le debemos.
Lunes 15 de octubre de
1973
Hace un mes que Allende
fue asesinado. Al contrario de lo que esperábamos, pasan cada vez
más dramas alrededor nuestro. ¡Decido anotarlos porque evocan
tantos sufrimientos! Quisiera recordarlos detalladamente.
Otra vez se oyeron
siniestros tiros de armas en la noche, muy cerca de nosotros y a
lo lejos. Fui a tomar té donde la señora T... con su cuñado, que
está de acuerdo con la Junta. El yerno de la señora T... es
buscado. Su cocinera, cuyo hijo está en el Estadio Nacional, se lo
contó: los mojan, les vendan los ojos, los cuelgan por los pies
durante tres horas, les pegan. También los precipitan al vacío
desde helicópteros.
Al volver a la Embajada,
me encontré con dos parejas de refugiados y con un cura de
pobladores. Había siete muertos de diecisiete a veinte años, esta
mañana, en una calle de la población, probablemente llevados allí
para producir miedo.
Las colas vuelven a
formarse frente a los Almc. Mañana el pan va a subir de 11 a 40
escudos el kilo. Los zapatos van a costar el doble. La gente sale
de los almacenes cargada con cajas de zapatos.
Sigo leyendo el libro de
Dom Helder Camara, Revolución en la Paz. Me hace bien; me
ayuda a comprender.
Martes 16 de octubre
Subimos en auto con M...
y J... al Cerro San Cristóbal. Desde su hotel han oído gritos en
medio de la noche. El torrente del Mapocho y el cerro deben
ocultar muchos dramas. Durante el día nadie sabe nada, pero hay
gente que cuenta cómo al pasearse a las seis de la mañana a lo
largo del torrente, se ven cadáveres en la ribera o flotando en el
agua.
Hoy no he podido dejar de
ir a ver a los refugiados en la Cancillería (son unos treinta),
llevándoles flores de nuestro jardín. También he dado un "Assimil"
a una monjita que quiere hacer estudiar a un joven. Ella se pasea
tranquilamente entre toda esa gente acostada en el suelo y
enrollada en frazadas. Todas las ventanas estaban tapadas con
diarios.
El Padre Pierre, un
hombre de bondad e inteligencia maravillosas, ha llegado de
Francia para sacar de la cárcel a los Traperos de Emaús
perseguidos en el Sur. Nosotros los recibimos en la residencia.
Viernes 19 de octubre
A las once de la mañana,
unos timbrazos desesperados me hacen mirar por la ventana. Un
muchacho muy pálido está en el umbral. Acaba de saltar la reja. Se
ha desplomado en las gradas de la escalinata y está llorando.
Tiene dieciocho años. Toda su familia ha sido fusilada en
provincia. Su padre y sus tres hermanos, todos pertenecientes al
MIR, fueron muertos en sus casas. Dos guaguas que quedaron
abandonadas fueron recogidas por los vecinos pocas horas después.
El misino, ausente por suerte, fue escondido por uno de sus
profesores de la Universidad, que lo indujo a venirse a Santiago y
le dio la dirección de nuestra Embajada. Lo ayudo para que suba
donde los demás refugiados, que lo rodean. Poco antes habían
entrado dos parejas de Traperos de Emaús. El padre Pierre había
conseguido liberarlos. Los hombres podían haber sido fusilados.
Sábado 20 de octubre
Hay periodistas franceses
perseguidos. Dos de ellos vienen a ocultarse en la Embajada antes
de volver a París. Paso la mañana en La Vega comprando,
abasteciéndonos de provisiones. Carabineros armados hasta los
dientes controlan las callejuelas. Unos pobres tipos harapientos y
con la mirada vacía, se pasean sin hacer nada. La esposa del
Ministro Consejero me acompaña; hace un rato, cuando volvía del
aeropuerto, a donde había acompañado a la monjita, que volvía a
Francia, vio un cadáver en la orilla del Mapocho.
Domingo 21 de octubre
No hemos dormido en toda
la noche. Desde la una hasta las cuatro de la mañana no dejaron de
tirotear, muy cerca de la Embajada. Disparos secos, sordos. Uno
tenía la impresión de que eran ejecuciones en el Mapocho. Es un
lugar aislado, con un talud muy alto. Los refugiados creen que los
tiros los disparan por ellos, para meterles miedo. Los vecinos
pensaban que eran persecuciones contra gente que trataba de
entrar.
Salimos a las diez con
los L... en dirección a la Cordillera. A pocos kilómetros de
Santiago vemos un muerto al lado de la carretera, boca abajo, con
los brazos abiertos. Lo dejaron allí para escarmentar; debe haber
sido fusilado durante la noche, tal vez porque lo pillaron fuera
después del toque de queda.
Lunes 22 de octubre
Me encontré con el
dentista de P... H... Temía verlo. ''¿Usted ha.visto lo que ha
pasado? ¿Entretenido, ah?", me dijo de golpe y porrazo.
Súbitamente pensé que toda esa ciencia, esa cáscara mundana, ese 'barniz
de clase� era horrible, falso... Me produjo horror. Pienso en los
sufrimientos de todos los que ya no tienen voz para hablar.
Almorzamos en casa del
Ministro Consejero con Monseñor A..., ayudante del Arzobispo.
Joven, sencillo, directo. Usa ropa negra. Un cuello gris de puntas
redondas. Vive en una casucha de tablas en una población "callampa",
entre los pobres. Ayuda a las familias de los desaparecidos, de
los encarcelados, de los muertos. Les busca trabajo, les
proporciona socorros. Con la cooperación de otras personas, va a
fundar el Comité por la Paz, que representará una gran ayuda para
los perseguidos.
Jueves 25 de octubre
Vamos a ver a los G... en
la Embajada de Venezuela. El es uno de los dirigentes de la
Izquierda Cristiana. Muchas personas esperan allí también frente a
la reja. Hablan con los de adentro e intercambian paquetes. Hay
policías, pero no militares. La Embajada se ha transformado en un
inmenso dormitorio. Se ven colchones por todas partes. Personas de
todo tipo, niños. El señor y la señora G... ocupan una pieza, pero
durante mucho tiempo han dormido en un camastro. Hace un mes y
medio que esperan la autorización para viajar a Francia. Están muy
cansados. Quieren trabajar en nuestro país.
Nos hemos aprovisionado
en grande. Pasamos por la Cancillería a dejar una parte de los
abastecimientos. Hablo allí con los sacerdotes de Copiapó, uno es
obrero agrícola, el otro minero.
Almuerzo en casa de los
L... con un colega de la Embajada de Italia. Es un hombre
apasionado y sentimos que nuestra comunión de sentimientos con él
es plena. " Haremos todo lo posible por salvar a los perseguidos",
declaramos. "Nada de diferencias de clases, de distinciones
políticas. El hombre, imagen de Dios, debe ser tratado con el
mayor respeto."
Después voy a la
población de la Villa Francia con la señora D... y la señora del
Ministro Consejero. Llevamos a la escuelita un tocadiscos, una
máquina proyectora, una pantalla. El maestro nos espera. Es un
joven comunista, lleno de entusiasmo por la educación de sus niños,
a quien después no he vuelto a ver. La presidenta
demócrata-cristiana del Centro de madres también está presente. El
profesor saca del auto los artefactos. Le pregunto si no ha tenido
problemas. "Ya le voy a contar", me contesta. Después de
agradecernos con mucho calor y elocuencia, nos explica que él
personalmente no ha tenido problemas, que todo ha estado tranquilo
en la población (salvo el caso de dos muchachos, dos hermanos, de
los cuales uno fue fusilado y el otro huyó hace unos días). Elogia
el espíritu de trabajo y condena el odio. La presidenta agrega,
citando una frase del general Pinochet: " No hay vencedores ni
vencidos." Me siento profundamente sorprendida: ¡es el miedo!
Al volver, el señor B...
me dice que llegará a las seis con una mujer joven y tres niños.
Se abre la reja justo a tiempo y ellos entran. La joven, cuñada de
un líder importante del MIR, había sido amenazada de muerte si no
hablaba.
Viernes 26 de octubre
Otra vez tiroteos esta
noche, especialmente entre las tres y las cuatro de la madrugada,
como el sábado pasado. Vuelvo a la Cancillería. Hay un grupo de
gente a la orilla del Mapocho, frente a nuestro portón. Es
terrible. Un cadáver que parece enrojecido por el frío yace en la
ribera opuesta. Un carabinero y un hombre de civil bajan y lo
cubren con cartones. La gente mira hacia el medio del torrente.
Entre unas ramas, al lado de un viejo canasto. Se ve enganchado
otro cuerpo blanco, descompuesto, hinchado. Dos jóvenes, un
muchacho y una muchacha, tratan de acercarse. El lecho es profundo
y el declive abrupto. Un carabinero los vigila desde arriba, las
piernas abiertas, la metralleta preparada, inquieto, mirando
constantemente detrás suyo. Los jóvenes se amedrentan. Vuelven. La
multitud rodea al carabinero, pero nadie dice nada, están como
embotados. Unos niños apedrean el cadáver.
¡Se me revuelve todo! ¡Qué
repugnancia! ¡La maldad humana! Y al lado de esto, la ciudad llena
de sol. Providencia se ve repleta de productos, desaparecidos hace
mucho tiempo, vendidos a precio de mercado negro y que sólo la
gente de este barrio puede comprar.
Oigo las campanas que
llaman a la misa, pero la religión me pesa esta tarde, porque los
militares se parapetan tras ella y empañan su imagen. Cristo es la
única verdad. ¡Cuánto daño le hacen los hombres a su mensaje!
Sábado 27 de octubre
El Embajador de Bélgica y
su esposa vienen a almorzar. Han acogido en su residencia, que no
es grande, a sesenta refugiados, y han debido reducirse a su puro
dormitorio. Hay dificultades con el agua en las mañanas y en las
noches no se puede dormir por culpa de una guitarra que tocan
hasta muy tarde. El Embajador me cuenta que en el Estadio Nacional
hay un promedio de diez muertos diarios. Critica a cierta Embajada
que recibe refugiados, pero con un carabinero dentro, y a los
anglosajones, que no han aceptado a nadie.
Domingo 28 de octubre
Una joven brasileña,
viuda, de diecinueve años, que hemos acogido con su guagua, recibe
la visita de un primo. Le trae una carta que su marido escribió
una hora antes de ser fusilado, el 18 de octubre. Esa noche,
cuando me lo cuenta, la muchacha se estrecha en mis brazos,
sollozando.
Lunes 29 de octubre
Recibo la visita de una
señora muy "momia". Me habla de un caso trágico: el hijo de uno de
sus amigos, un francés, desapareció de La Moneda el 11 de
septiembre. "Pertenecía al círculo de Allende, y su esposa, una
mujer de ideas espantosas, acude hasta el Presidente de la
República francesa para
hallar a su marido." La señora "momia" teme el efecto que tendría
en Francia esa desaparición si se tuviera la prueba de que el
pobre tipo fue fusilado. "Los que salieron vivos de La Moneda
aquel día se cuentan con los dedos de una mano; quizá no...",
añade.
Un tumulto de gente en
las orillas del Mapocho. Otro cadáver en el agua, hinchado,
enredado en una ramas.
Viernes 2 de noviembre
A las once, dos personas
se aferran a la reja, suplicándome que las deje entrar. No pude
negarme. Tienen los rostros sudorosos, transidos por la angustia.
Por la tarde, es una mujer con su hijo. Es la esposa de un
periodista. Me ruega. Le digo que espere, que son las siete de la
tarde, el toque de queda es a las nueve y Pierre no está. Un joven
se precipita corriendo, cruza el jardín y sube hasta el último
piso de la casa.
Sábado 3 de noviembre
Esta tarde Pierre sube a
decirle a los refugiados que se acabó: no más visitas ni
telefonazos. Debemos aplicar las reglas de aislamiento, tal como
se hace en todas las embajadas. M... pronuncia el discurso de
despedida a los seis refugiados que parten mañana para Francia:
los Traperos de Emaús y la brasileña con su niño. Habla muy
tristemente. Nos agradece, en nombre de todos, por nuestra
hospitalidad, por lo que Francia hace por ellos.
Algunos enjugan una
lágrima cuando habla de Allende. Levantamos nuestros vasos y
Pierre responde, cálidamente.
Domingo 4 de noviembre
Este domingo voy en mi
automóvil a buscar 18 kilos de pan para el desayuno de los
refugiados. Es la señal para despertar. Ellos se precipitan hasta
el auto y llevan los canastos, los panes aún calientes.
Recibimos un herido muy
grave, que llega en uno de los autos de la Cancillería. Lo
instalamos en una cama plegable que hace las veces de camilla.
Todos los refugiados se muestran muy diligentes. Lo suben hasta su
pieza, no sin dificultades... Es un hombre muy alto y está
enyesado de pies a cabeza... Lo acompaña Francoise Soubirous, su
novia, una pariente de Santa Bernardita, a la que se parece. El
tiene una cabeza magnífica de guerrillero. Su vigor y su talla
excepcionales le permitieron sobrevivir cuando recibió junto a sus
compañeros, periodistas como él, una descarga de metralleta de los
militares. Todos los demás murieron, pero él, herido en los muslos
y no en el vientre, fue dejado por muerto en una zanja. En la
noche se vendó él mismo con sus propias vestiduras, y al amanecer
fue llevado al hospital por el primer auto que pasó, un auto de
carabineros. Al cabo de un mes de cuidados, el médico-jefe del
servicio quería entregarlo al Ejército. Milagrosamente, el médico
murió de un infarto y su reemplazante, que no conocía el caso del
herido, o que se mostró quizá compasivo, autorizó su salida a
instancias de la pequeña Soubirous. Al herido lo bautizaron "el
muerto".
Lunes 5 de noviembre
El padre B... nos trae un
dirigente socialista muy buscado. Treinta hombres cercanos a él
han sido fusilados. La mujer del periodista no sabe todavía dónde
está su marido; no logra comunicarse con él. No se sabe nada de lo
que ocurre, sobre todo después del toque de queda, que ahora
empieza a las ocho de la noche. La censura es total. La gente
desaparece sin que nadie sepa nada.
Martes 6 de noviembre
Pedro, el mayordomo, me
dice de manera confusa que el alcalde de La Granja pregunta por mí
en la reja. Yo creo entender que se trata de un comerciante en
naranjas. No presto mayor atención y le digo que lo envíe a la
Cancillería. Me entero luego que el hombre temblaba de miedo en la
reja y que no pudo entrar en la Cancillería porque estaba
vigilada. Me persiguen los remordimientos por no haber hecho
entrar al desgraciado, por haber sido negligente. ¿Qué habrá sido
de él?
Té con esposas de
diplomáticos en una embajada. La mujer del Ministro de Relaciones
Exteriores, así como dos damas del Protocolo nos piden ayuda para
una venta de caridad, organizada en pro del Arbol de Pascua de los
hijos de los militares: desfile de modas, trajes típicos, etc.
Lanzo miradas desesperadas a F... ¡Tenemos tantas preocupaciones!
¡Todo esto es tan frívolo!
El señor L..., amigo de
Allende, llega con su mujer, su nuera y sus dos nietos. Es toda
una historia, porque deben entrar a las trece horas treinta por la
reja que da a la Costanera, y hay un carabinero de guardia, que no
se ha movido de ahí desde la mañana. Afortunadamente, llega la una
y él parte. Se abre la reja a la hora indicada y entran con toda
naturalidad. Los instalamos en la biblioteca; hacemos traer tres
catres de campaña desde la Cancillería. El señor L..., el
refugiado de más edad de la Embajada, duerme en el diván y su
mujer sobre cojines, en el suelo.
Miércoles 7 de noviembre
Cuando llevo a mi hijo
Pierre-Henri a la Alianza Francesa, veo otra vez la propaganda
fascista pegada a los muros. En el mercado han puesto la foto de
un carabinero muerto junto a unos rostros de extranjeros, "que
llegaron a envenenar al país".
Todas las mañanas un
grupo baja no sin dificultades a Gastón, "el muerto", al jardín.
Lo instalan a la sombra de un gran tilo. Algunos se sientan en el
suelo y otros se acuestan en el pasto, cerca de él. Es un lugar de
cita un tanto mágico. Acompañándose con guitarra, cantan.
Jueves 8 de noviembre
Visita del Padre M..., el
rostro demacrado, un aire de gran fatiga. Estuvo detenido y con
los ojos vendados, practicaron con él un fusilamiento simulado. Me
imagino que viene a refugiarse, ¡pero no!
Viene a pedirme que
esconda a quince hombres muy perseguidos. Esa tarde llegan cuatro.
Entran de dos en dos. Los espero en la reja a las ocho en punto.
Alguien dibujó un ahorcado en la reja que da a La Concepción.
Viernes 9 de noviembre
Abro la reja a otras
cuatro personas que lleva el Padre. Entro y veo a un hombre bien
vestido: de unos cuarenta años, que pide hablar con Pierre. No
conozco su cara, pero son ya tantos, que puedo equivocarme. "Dénme
asilo." " Pero, ¿por dónde pasó usted?" "Salté la reja . . . Es un
ingeniero.
Tengo que ir a un té
donde la señora B... Quince damas, ¡otro mundo! La primera me
pregunta si estoy contenta con todos estos "cambios maravillosos"...
¿Qué responder? Estoy en otra órbita.
A mi vuelta siguen
llegando refugiados ¡Es para volverse locos! Ocuparnos los
manteles, las cubrecamas, incluso las cortinas del comedor para
reemplazar las frazadas que faltan.
Sábado 10 de noviembre
Una boliviana y sus dos
hijos llegan por la puerta de La Concepción. Enseguida, un amigo
de Françoise Soubirous y del " muerto" salta por encima del muro.
No nos gustó porque nadie nos ha prevenido. Nos parece un abuso de
confianza.
A comienzos de la tarde,
dos muchachas y dos muchachos se encaraman por la reja. Voy a
verlos al garaje, donde se han refugiado. Otros dos aprovechan el
momento en que entra el auto de G..., que nos trae frazadas. Se
escurren y Pedro se aprieta el brazo con la puerta de la reja
cuando trata de contenerlos.
El jardinero ve a un
hombre que baja de los árboles. Había logrado saltar a uno de
ellos desde lo alto del muro. El control se torna difícil.
En la noche. antes del
toque de queda, de nuevo ráfagas de metralleta. No se habían oído
desde hacía varios días.
Domingo 11 de noviembre
Los refugiados, que son
cada vez más numerosos, deciden organizar un directorio, una
"junta". El responsable será Sergio, que pertenece al MAPU.
Funcionará en la pieza verde, al lado de nuestro dormitorio. Bajo
su responsabilidad, cada miembro se ocupará de un sector
determinado: dormitorios, cocina, limpieza, entretenciones, etc.,
y de la organización de los grupos de trabajo y sus turnos.
La Alianza Francesa, así
como una institución religiosa, nos envían mesas, bancos, platos,
tazas, cubiertos, utensilios de cocina, unas ollas inmensas, etc.
Los refugiados en la
Embajada alcanzan ahora a cien personas.
Françoise Soubirous me
pasa un papel con los nombres de dos amigos: están en la puerta.
Yo me dejo estar, pensando que el asunto puede esperar hasta
mañana. Pero una hora después, la veo en lágrimas: han detenido a
sus amigos; la policía estaba allí, de civil. No dormí en toda la
noche.
Miércoles 14 de noviembre
Almorzamos en la Embajada
de la India con los belgas. Los hindúes no tienen refugiados, pero
atienden los asuntos de la Unión Soviética y de Checoslovaquia. No
se puede entrar sin mostrar los papeles a cuatro soldados armados.
Desfile de modas en una
gran sala de cine del centro de la ciudad, para la "Reconstrucción
del país". Verdaderamente, nuestro ánimo no está para cosas como
éstas. El film es francés: un bodrio policial, con múltiples
asesinatos. Nos mantenemos tensos de principio a fin.
Los refugiados nos
invitan a la despedida de tres de los suyos. La Embajada consiguió
los salvoconductos; tomarán el avión mañana para Francia. Están
sentados en el suelo, sobre las mesas, en todas partes. Cantos y
guitarras. Ana llora tras de mí. Bailan la cueca.
La boliviana canta sola,
golpeando el dorso de la guitarra. La Canción Nacional chilena,
lágrimas, discursos, después La Marsellesa: los socialistas
chilenos la han adoptado como himno de su partido, y se la saben
de memoria.
Sábado 17 de noviembre
Por la tarde, "la
alcaldesa", como la llamamos (es alcalde comunista de una comuna
de la periferia de Santiago), entra con su hijo. Otros llegan en
dos tandas, llevados por el Padre S... y por Sor O... Nos traen
treinta frazadas. Con los responsables decidimos despejar
inmediatamente el gran salón: bajamos al sótano los muebles
frágiles o inútiles.
Lunes 19 de noviembre
Pierre le anuncia al
Padre y a Sor O... que no podremos recibir más refugiados esta
semana.
Martes 20 de noviembre
Pierre se pone furioso en
la noche, porque nos anuncian que el Padre B... va a llegar con
otro refugiado. Y se había hablado únicamente, sin embargo, que
nos traerían frazadas. Es un indio, que ha caminado por los cerros
durante días y días antes de venir a Santiago a esconderse.
Llegó el salvoconducto de
la boliviana. Su hija me trae rosas. Se hace una fiesta para
despedirla. En el mismo instante nosotros tenemos otra fiesta de
gala en un teatro del centro para la "Reconstrucción nacional". Es
un film sobre las fiestas de Persépolis. ¡Un lujo extraordinario!
¡Repulsivo!.Comprendo que Pompidou no haya querido ir a Teherán en
1971.
Miércoles 21 de noviembre
En la mañana estuve en el
Cotolengo (obra de ayuda en favor de los niños inválidos) con mis
colegas del Cuerpo Diplomático y las damas de la Junta. Estuve
cansada y distraída. Las "buenas intenciones" de la gente que me
rodea me irritan. ¡Qué hipocresía! ¡NO! La religión no puede ser
esta sosería. Cuando vuelvo, veo en una iglesia un enorme cartel
tricolor que dice: "María, Salvación de la Patria" . Pienso en
todos los muertos...
Pierre vuelve y lee la
lista de los sesenta asilados que han obtenido sus salvoconductos
para partir a Francia. Reunión en la escalinata, alegría para los
que parten, desilusión para los otros.
Té en casa de la señora
de Almeyda. Es una mujer digna y valiente. No quiere irse de Chile.
Me hace una descripción de la suerte lamentable de su marido y de
los treinta detenidos de la isla Dawson.
Cóctel de despedida del
Embajador de España. Me siento muy desgraciada. La mujer de un
alto funcionario dice en voz alta, tomando como testigos a sus
vecinos: "¿NO es cierto que en Santiago no se ha visto sangre para
nada?" Es una señora madura y puede que sea sincera. ¡Pero está
enceguecida! No hay más que un lado, un solo partido. Disparos en
la noche, justo frente a nuestra puerta. Un refugiado de rasgos
indígenas, acaba de escalar el muro.
Viernes 23 de noviembre
Entran mujeres y niños. ¡Ya
no entiendo nada! ¡Es para enloquecer! Son las familias de los que
parten mañana a Francia. Ni siquiera se presentan.
Sábado 24 de noviembre
Veo en la vitrina de la
panadería donde compro todas las mañanas, carteles como los de los
nazis...
El carabinero de guardia
le pegó a Pedro con la culata de su fusil porque no tenía el "pase"
para poder atravesar la reja. Los dos Padres están a punto de ser
arrestados, cuando nos traen veinte frazadas.
Parten catorce refugiados.
Se abrazan en el bus amarillo de la Alianza Francesa. Me llaman "Señora
Embajadora " o " Señora Francisca". En el aeropuerto los registran
y les confiscan sus carnets de identidad, sus diplomas, etc.
Pierre promete que a los de la partida
siguiente les hará enviar
los documentos por valija diplomática, siempre que no sean muy
voluminosos. Tienen que hacer solos el trayecto desde la sala de
espera hasta el avión, lo que no deja de ser peligroso. Son
doscientos metros sin resguardo. Pierre y sus colaboradores suben
a la terraza y no les quitan los ojos de encima.
Allí están también padres
y amigos, que gritan y cantan. A pesar de nuestras advertencias,
algunos refugiados no pueden resistir la tentación de hacer
manifestaciones. Dos de ellos levantan el puño y son
inmediatamente sacados por la policía. Hay que hablar entonces,
suplicar; mientras el avión espera.
Domingo 25 de noviembre
Un llamado de teléfono
del Embajador de Suecia. Pide que Pierre vaya a ayudarlo a
defender a una de sus refugiadas, llevada de urgencia a una
clínica. La policía quiere sacarla e interrogarla.
El asunto se pone serio.
Arrojan al suelo al Embajador de Suecia y éste se aferra al lecho
de la enferma. A las tres de la tarde es el fin. Se llevan a la
enferma en medio de un gran despliegue de fuerzas. El Embajador de
Suecia viene a nuestra residencia hacia el final de la tarde. La
policía lo sigue hasta la puerta misma y registran su automóvil a
la entrada y a la salida. En la reja se apretujan muchos
refugiados, que lo aplauden.
Lunes 26 de noviembre
El caso de la clínica
empieza a cobrar relieve en la prensa. Hay gente que parece
molesta cuando me habla...
Miércoles 28 de noviembre
Partida de cuarenta
refugiados. Gran concentración frente a la reja, donde esperan
tres autobuses, dos de la Alianza Francesa y uno de la policía.
Gran despliegue de fuerza militar. S... me dice que dos de los
refugiados que van a partir son policías, que tienen la tarea de
espías. Les toma una foto.
Jueves 29 de noviembre
En la tarde, té de las
damas de la Junta en el Country Club. Pocas embajadoras. ¡Reunión
de todas las "momias" del país! Momentos insoportables, cuando un
cantante empezó a burlarse de los comunistas, de los fusilados,
del Estadio Nacional. Me hice notar, ciertamente, al no aplaudir
con los otros.
Viernes 30 de noviembre
¡Alegría! Un refugiado
pregunta si su hijita, que acaba de nacer, puede ser bautizada en
la Embajada. Su mujer entrará en pocos días más, cuando tengamos
los salvoconductos. Nos escogió a mí como madrina y a Pierre como
padrino.
Seis nuevos refugiados
saltan el muro de la residencia, cuatro en la Cancillería.
Suspendemos todos los controles...
Muchos disparos esta
noche. Pinochet ha pronunciado en Punta Arenas un discurso muy
inquietante: " Endureceremos todavía más nuestras posiciones,
estamos lejos de haber terminado la guerra."
Se burlan de los
refugiados en los diarios: del bullicio que arman, del espectáculo
que dan mostrándose en las rejas. Dicen que se dan la gran vida en
las embajadas, ¡que lo que buscan es hacerse pagar un viaje a
Francia!
Somos ciento treinta en
la residencia. Cuando nos despertamos, sobrecoge el olor de los
cuerpos, apretados los unos con los otros.
Sábado 1 de diciembre
Todas las habitaciones.
el salón, el comedor, están transformados en dormitorios. Sólo nos
queda nuestro propio dormitorio, el de Henri Pierre, y una
piececita al lado que nos sirve a la vez de sala de recibo y de
comedor. Allí recibimos, sobre todo, a los refugiados. Cuando
Pierre parte a su oficina, hay siempre alguien que lo detiene para
hacerle "una consultita, señor Embajador" . Para esta gente
separada del mundo, nosotros somos el único vínculo con el
exterior. Con frecuencia nos esperan a la salida del dormitorio
para contarnos sus cuitas o deslizarnos papelitos.
Vamos a una recepción en
una embajada. Todo muy bien encerado, impecable, con carabineros,
incluso, en el interior. Nos cuentan que vino la policía y que lo
mejor era poner alambre de púas en las rejas.
Domingo 2 de diciembre
Hoy saltaron diecisiete
refugiados: diez en la mañana, siete en la tarde. Pierre mantiene
la calma. Yo voy a la Embajada de Italia, a ver cómo van allí las
cosas: colchones y frazadas secándose en las ventanas; seis
soldados armados en los alrededores. En nuestra residencia un solo
carabinero vigila las dos calles.
Jueves 6 de diciembre
El Padre viene a verme.
Está desesperado con las cosas que ve. El querría que entraran
todavía en las embajadas ciento cincuenta personas, todas en
peligro. El martes 11 de diciembre es el plazo final.
Después de esa fecha, las
embajadas de los países que no están adscritos a la convención
sobre el asilo político, no podrán recibir más refugiados. Si, no
obstante, deciden hacerlo, éstos no obtendrán salvoconducto para
salir del país.
Sábado 8 de diciembre
Numerosos disparos esta
noche. Por la mañana vienen a decirme que una mujer se desmayó. Es
la "alcaldesa", que quiso hacer entrar a sus hijas, porque ella
parte pronto para Francia. La Embajada está ahora muy vigilada. Un
carabinero disparó varios tiros al aire para amedrentarlas. Una de
las muchachas entró, la otra estuvo detenida algún tiempo, pero
luego fue puesta en libertad.
La vigilancia es mayor
desde el incidente de París: la Embajada de Chile fue atacada por
manifestantes.
Domingo 9 de diciembre
Voy al aeropuerto a
despedir al Embajador de Suecia. Los periodistas y los fotógrafos
lo asedian. Cuando se dirige al avión se oyen algunos aplausos en
la terraza; los carabineros se colocan frente a la gente con sus
fusiles...
El Ministro Consejero del
Canadá viene a vernos: la embajada abre sus puertas a cincuenta o
sesenta personas. ¡Ya era hora! El plazo final para acoger
asilados vence mañana en la noche.
Lunes 10 de diciembre
Estamos como enloquecidos
con la decisión de inscribir aún algunos nombres en la lista antes
de que sea demasiado tarde. La llevaremos al ministerio a las 16
horas treinta (las oficinas cierran a las 17h.). El Padre me llama
por teléfono, pero son peligrosas las explicaciones y le pido que
venga antes del almuerzo. Me da una lista de veinte nombres, pero
no nos será posible considerarlos todos.
Martes 11 de diciembre
¡Somos155 personas! Cada
vez necesitamos más y más alguien que atienda a una cuarentena de
niños, que pasan todo el día en el jardín sin saber qué hacer. Nos
proponen una parvularia y hacemos lo necesario para conseguirle un
salvoconducto.
Miércoles 12 de diciembre
A las cinco de la tarde
voy donde O... T... Pedro abre la reja para dejarme salir con la
citroneta. De improviso, una batalla. Gritos. Un carabinero entra
y toma por el cuello a una muchacha, que lanza un aullido. No
logro entender muy bien la situación. Es tanta la brutalidad, que
pensé que se trataba de un muchacho. Ella tiene el pelo corto y
usa bluejeans, y afirma que el carabinero se introdujo en la
Embajada para sacarla a la fuerza. Hay, por lo demás, una prueba,
porque a él se le cayeron los papeles de identidad. Corro a buscar
al Primer Secretario de Embajada, que justamente está allí.
Conservo siempre en mi
cartera los documentos. Trataremos de utilizarlos para conseguir
que la deje en libertad. Los vecinos se han asomado: ¡ella gritaba
tanto! Los refugiados también están presentes, arracimados en la
reja. En ese instante empiezan a llegar los parientes de los
refugiados que deben partir mañana. En taxis, en diversos autos.
Con sus equipajes, logran entrar casi sin control, porque los
carabineros están ocupados al otro lado de la calle. Llega un
oficial, que quiere arrastrar a la muchacha hasta un furgón
policial.
El Ministro Consejero,
que ha llegado entre tanto, discute largamente, pero el oficial,
intratable, no cede. Ella se resiste y recomienza con sus gritos,
mientras el carabinero la empuja al interior del furgón,
hiriéndole una pierna. Con el dolor, ella se calla de inmediato.
El oficial promete que si le devolvemos los documentos del
carabinero, podremos ir a visitar a la muchacha. Se los devolvemos
para no envenenar más la situación. Pero entonces hay que calmar a
los refugiados, explicándoles que haremos todo lo necesario para
liberarla.
Jueves 13 de diciembre
El marido de la
desgraciada joven viene a cada rato para saber si tengo noticias
suyas. Ella saldrá de la comisaría dos días después, y luego
partirá a Francia.
A las cuatro de la tarde,
gran partida. Adioses conmovedores en las rejas. Leen la lista de
los que parten y conforme sus nombres son mencionados, van
trepando al autobús amarillo de la Alianza Francesa. Se escuchan
los cantos de los que parten y también de los que quedan. A pesar
de las recomendaciones, algunos no pueden dejar de levantar el
puño en las narices mismas de los carabineros, los que no
disimulan su mal humor. La escolta militar está lista: un coche
delante y otro detrás del autobús.
Viernes 14 de diciembre
Los diarios vienen llenos
de informaciones sobre la historia de la refugiada que quiso
entrar por la reja de La Concepción. Los hechos se presentan
deformados: ella se habría enfrentado al Ministro Consejero y al
Primer Secretario, que querían expulsarla: Ambos envían a la AFP
una nota de rectificación.
Sábado 15 de diciembre
Noche agitada antes de la
partida de veinte refugiados. El diputado cantó hasta las cinco de
la madrugada. El autobús amarillo llega a las seis. Nosotros los
acompañamos hasta el aeropuerto.
Domingo 16 de diciembre
Esa noche se sienten
tiroteos varias veces, del lado de la Costanera. Hacía un buen
tiempo que no ocurría. Pierre está en París, y no puedo evitar
pensar en todo tipo de dramas.
Lunes 17 de diciembre
Los diarios hablan del
ataque a la oficina de Lan-Chile, en París. ¿Los disparos de
anoche no habrán sido una represalia? Así mismo fue días atrás,
cuando los estudiantes ocuparon la Embajada chilena.
Martes 18 de diciembre
Estoy consternada con el
artículo de Le Monde: acusa a los funcionarios de la embajada de
haber cedido al entregar a la policía a la muchacha de la
Concepción. ¡Qué injusticia! Felizmente, días después el diario
puntualizará las cosas y describirá con exactitud lo que hace la
Embajada.
Viernes 21 de diciembre
Nuestros refugiados se
reúnen en conciliábulo durante la jornada. Por la tarde anuncian
su intención de declararse en huelga de hambre, de común acuerdo
con los refugiados de otras embajadas, para protestar contra el
atentado de que ha sido objeto un refugiado en la Embajada
de Suecia: dispararon
sobre él desde el exterior, y está gravemente herido en la cabeza.
Es Calderón, ex-ministro de Allende.
Los refugiados me
comunican también que no desean festejar la Navidad, que se haga
una fiesta sólo para los niños.
Sábado 22 de diciembre
La huelga de hambre
continúa. Se los ve tendidos, cansados, y ya no se escuchan cantos.
Los comunistas han decidido suspender la huelga a las 24 horas.
Los socialistas a las 48 horas. Me siento infeliz, con la
conciencia culpable mientras como... Ellos sólo beben agua fría.
Los hombres se mantienen bien, pero las mujeres se ven fatigadas.
A la hora prevista, saco de las reservas las provisiones de mejor
calidad. Un grupo de socialistas está en el altillo; otro en el
garaje, "la Timba" , como ellos la llaman, allí organizan sus
festejos. En el segundo piso, los comunistas. En la habitación
verde vecina a la nuestra, los del MAPU.
Lunes 24 de diciembre
Distribución de juguetes
en la tarde, en la Cancillería. Teatro de marionetas, hecho con
ingenio con recursos mínimos. El escenario se arma con dos camas
plegables, hay una cortinilla azul, y las marionetas están hechas
con pelotas y trapos viejos. Al principio, todo es bastante
anodino, es para los niños, pero luego la cosa se vuelca a la
política, sin duda, y dura un largo rato. Los refugiados toman sus
guitarras y llenos de ardor, sin sonreír, cantan y tocan
tristemente temas sobre la revolución y sobre la muerte.
En la residencia, los
refugiados me regalan flores y tocan aires melancólicos. Han
fabricado una batería con un viejo coche de muñecas, tarros de
conserva de diversos tamaños, una botella, algunas cajas de cartón.
Con estos instrumentos heteróclitos más un tambor mapuche y dos
guitarras, forman una excelente orquesta. ¡Tendrían éxito en
París! En los chilenos, el ritmo es innato, y sus voces son
cálidas, embrujadoras.
Al final de la
distribución de juguetes, una niñita me ofrece, en nombre de los
niños de los refugiados, un cenicero de cobre. Me decido a
pronunciar unas pocas palabras... Con un poco de miedo y con mis
faltas de español. Mireya me responde cálidamente, teniéndome de
la mano. Ambas estamos muy emocionadas.
Martes 25 de diciembre
Partida de la residencia
a las siete de la mañana. Seis refugiados: Gastón "el muerto", al
que finalmente le han sacado parte del yeso, y que marcha apoyado
en el brazo del doctor; la señora L... con su nieto, y una joven
mamá con sus tres hijos, incluida la guagua bautizada en la
Embajada.
Todo transcurre
normalmente. Esa mañana de Pascua el avión parte casi vacío.
Domingo 30 de diciembre
Recibo la visita de la
señora J... P... Me deja completamente desmoralizada con sus
chismes sobre la vida privada de Allende, sus críticas sobre
nuestra acción negativa con los refugiados, esos aprovechadores,
dice, gente cochina que viaja a Francia, etc.
Salgo en el auto y veo a
alguien que pasa clandestinamente un paquete a través de la reja a
un refugiado. Tres carabineros lo rodean de inmediato, apuntándolo
con sus metralletas. Cuando vuelvo, explico, una vez más, que es
peligroso comunicarse con el exterior. El refugiado aludido me
dice: " Es mi hermano, un 'momio'; ¡para que aprenda!"
Lunes 31 de diciembre
El Ministro Consejero
llega con pollos y abundantes provisiones para la cena de Año
Nuevo. Igual en la Cancillería. Comemos juntos con los refugiados.
Los niños también, en una mesa aparte, donde se divierten con
sombreros de papel que ellos mismos han hecho. Breves discursos
alusivos, llenos de humor y alegría. A medianoche les ofrecemos
una copa de champaña. Yo me recojo pronto. En el garaje cantan La
Internacional, los puños en alto, y eso me resulta penoso. Como
represalia, los carabineros disparan sus armas. Algunos vecinos
telefonean pidiendo que los hagamos callar.
Jueves 3 de enero de 1974
La AFP anuncia que un
refugiado que había trepado a un árbol en la Embajada argentina,
fue muerto por un carabinero.
Viernes 4 de enero
En Le Monde viene un
artículo elogioso para la Embajada. Francia ha recibido ya cerca
de mil refugiados.
Sábado 5 de enero
El avión de Pierre tiene
una hora de retraso. Pero, en fin, allí llega. Hablamos,
desempacamos, nos sentimos felices.
Miércoles 9 de enero
Cóctel de despedida de I...
Concurren muchas ex-amigas de Tencha Allende, que ahora reniegan
de ella. Esta cobardía me repugna. Ya no puedo soportar estas
recepciones.
Los B... vienen a la
residencia y miran a su alrededor con un aire de gran disgusto.
Nos preguntan cuándo terminaremos de desembarazarnos de toda esa
gente. Pierre tiene realmente deseos de abandonar el país.
Encuentra insoportable tener que negociar constantemente con la
Junta.
Viernes 11 de enero
Té en el Palacio de La
Moneda. El edificio está reconstruyéndose. Yo estoy atónita. Todo
ha sido pintado de nuevo. Reconocemos a los servidores, a la
recepcionista, una mujer gorda e indiferente, con la mirada
perdida, que ya estaba allí en tiempos de Allende.
Disparos toda la noche.
No dormimos. Como otras veces, atravesamos la habitación agachados
cuando pasamos frente a las ventanas.
Sábado 19 de enero
Los trece últimos
refugiados en la residencia son trasladados a la Cancillería para
juntarse con los que quedan allí. El pobre señor L... parte muerto
de pena.
Domingo 20 de enero
Los refugiados en la
Cancillería tienen la moral muy baja. Encuentran que no hacemos
todo lo posible para conseguir sus salvoconductos.
Les llevamos un aparato
de televisión. Pierre los reúne en su oficina, les habla
francamente. Esta confianza los tranquiliza. Ellos piden, sobre
todo, que haya una preocupación particular por cada caso. Ya no
son sino treinta y cinco...
Martes 22 de enero
Limpiamos la residencia,
donde daremos un cóctel mañana, el primero después de cuatro
meses.
Miércoles 23 de enero
Todo está otra vez en
orden en las piezas de recepción. Los invitados hablan poco de los
refugiados durante el cóctel. Sobre todo, los franceses de
Santiago, a quienes no les ha gustado lo que hemos hecho. Para
ellos, todo es 'como antes; casi no se han dado cuenta de lo que
ha ocurrido.
Sábado 26 de enero
Esta mañana vi en
Providencia a un muchacho con los pies descalzos que ofrecía en
venta sus zapatos. Para comprar comida. El costo de la vida
aumenta de una manera vertiginosa. Mucha gente se alimenta
únicamente de pan y té.
Sábado 2 de febrero
A primera hora de la
tarde Pierre-Henri corre a avisarnos que acaban de subir un muerto
desde el Mapocho, justo frente a la Embajada. Al lado del cuerpo,
dos carabineros y un policía civil con el brazalete distintivo de
"estado de guerra". Una camioneta blanca se detiene, así como un
auto grande, del que descienden "civiles" del S.I.M. El policía
del brazalete espanta las moscas que revolotean sobre el cadáver.
Anota en una libreta lo que le dicta alguien, probablemente un
médico, que con una mano envuelta en plástico, examina la cabeza
del muerto. Lo levantan de ambos lados por las piernas y los
brazos; la cabeza cae hacia atrás, como la de un muñeco
descoyuntado. Veo la ancha herida en plena frente. No está mojado;
tiene el torso desnudo, sólo está en pantalones y con zapatos. Los
policías apartan a la gente, arrojan el cuerpo en la camioneta y
el cortejo siniestro desaparece.
Domingo 3 de febrero
Veo que alguien se
precipita hacia la puerta, y que salta la reja. Abro la ventana y
le pregunto qué desea. "Asilo". El pobre muchacho tiembla y nos
dice que lo persiguen, a su mujer también. Le explicamos que aquí
ya no hay solución alguna. Se le ve desesperado. La cacería humana
continúa. No podemos ponerlo en la puerta. Le escondemos algunos
días y conseguimos trasladarlo luego a una embajada sudamericana.
Ese día dejé de tomar notas, que ya llenaban dos libretas.
Nos mantuvimos en
contacto estrecho con los refugiados de la Cancillería. Los
últimos partieron a principios de julio, unos pocos días antes que
nosotros abandonáramos Chile.
Se mostraron reconocidos
con nosotros. Comprendieron que habíamos hecho todo lo posible por
ellos. Yo agradezco, a cada uno en particular, lo que me aportaron.
Su calor humano y sus sufrimientos ensancharon mi corazón, mi
espíritu. Deseo que hayan encontrado trabajo en Francia y que
vivan felices, a pesar de la mucha tristeza por no poder vivir más
en Chile... Pero con la esperanza ...
(Traducción de M.B. y
J.M.)
.«.
Atrás |