1. ¿Cuáles
eran los factores que contribuyeron a la reacción internacional
única al golpe y a las violaciones de los derechos humanos en
Chile?
La reacción
internacional frente al golpe en Chile fue inmediata y arraigada
en una serie de condiciones y alianzas establecidas en las décadas
previas y después del golpe, tanto como factores internos y
externos. Estas condiciones contribuyeron a la consolidación de
nuevas normas, relaciones, e instituciones que más tarde formarían
la base para un ambiente que apoyara la detención de Pinochet en
Londres y los esfuerzos posteriores y actuales de buscar la
justicia en el caso chileno en Inglaterra, en España, en Bélgica,
en los Estados Unidos, y en muchas otras partes del mundo.
Primero,
existían muchos lazos entre Chile y el exterior antes del golpe.
Entre todos los países latinoamericanos, Chile ya había atraído un
interés particular en la comunidad internacional a partir de los
años cincuenta, cuando fundaciones como la Ford y la Rockefeller,
tanto como las organizaciones como UNESCO, UNICEF, US AID, la
Alianza para el Progreso, la OEA, y una variedad de gobiernos e
instituciones europeas establecieron sedes, institutos y programas
de investigación, intercambio, y enseñanza en Chile. En aquella
época se inició organizaciones como la FLACSO y programas de
intercambio tales como el establecido entre la Universidad de
Chile y las universidades de California.
Éste, financiado
con $10 millones de la Fundación Ford, resultó entre otras cosas
en licenciaturas y doctorados para más de 125 profesores chilenos
entre 1965 y 1978 (Puryear). Tales programas fortalecieron los
vínculos institucionales y el intercambio de conocimientos entre
Chile, Europa y los EEUU, y promovieron también la creación de
redes profesionales, académicas, científicas y técnicas, tanto
como relaciones personales entre chilenos y gente del exterior.
En las vísperas
de la revolución cubana, los EEUU buscó ofrecer alternativas al
comunismo en América Latina. Chile, donde la izquierda tenía un
arraigo fuerte, fue la vitrina de la Alianza para el Progreso.
Entre 1962 y 1969, Chile recibió más de un billón de dólares de
asistencia, préstamos, y donaciones de los Estados Unidos -más per
cápita que cualquier otro país en el hemisferio- (U.S. Senate,1975).
Centenares de norteamericanos fueron a Chile en los años sesenta
para participar en el Cuerpo de Paz. Los bancos privados habían
abierto posibilidades de crédito para el desarrollo en Chile en
los años sesenta y había mucha inversión extranjera en el país -un
factor que complicaría las campañas internacionales tanto como la
política chilena-.
Chile estaba
repleto de gente de otros países. La nueva Junta condenó la
presencia de algunos 10,000 extranjeros a quienes llamó "extremistas,"
y quienes prometió expulsar. (Washington Post, 15 septiembre
1973). Estos extranjeros incluyeron un sinnúmero de
latinoamericanos �de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y
Uruguay � que habían encontrado amparo en Chile de la represión
política en sus propios países. Había además en Chile y el Cono
Sur refugiados criminales que participaron en la persecución de
los judíos bajo el régimen nazi en Alemania. Su presencia ya había
despertado un interés por parte de los llamados "cazadores de
Nazis" que mantuvieron sus presiones durante el régimen militar de
Pinochet. ("Jewish Group Asks Chile to Extradite Walter Rauff",
Sept. 6, 1972)
El carácter
internacional de las iglesias, los partidos políticos y los
sindicatos -instituciones fuertes en la historia de Chile -
ofrecían redes de organización y amparo importantes y ya
establecidas. Muchos misioneros extranjeros vivían en Chile. Los
vínculos entre las iglesias americanas y europeas se habían
profundizado a raíz de la conferencia episcopal latinoamericana en
Medellín en 1968, cuando los obispos se pronunciaron a favor de la
opción preferencial para los pobres. Se vio una proliferación en
Chile (y Brasil) de comunidades de base inspiradas en la nueva "teología
de la liberación" y estos experimentos atraían la atención de
gente de afuera y llamaron a un nuevo tipo de misionero dispuesto
a comprometerse a vivir entre los pobres. También en 1971 se
estableció Serpaj como un movimiento panamericano a favor de la
justicia social y la no-violencia activa que creó otra red de
comunicación y de confianza y relaciones personales que serían
importantes en el período después del golpe. (Pagnucco)
Los cambios en
la iglesia contribuyeron a un ambiente eclesiástico que apoyó una
posición menos ligada al apoyo de las élites tradicionales y más
dispuesta a defender los derechos del pueblo frente al dictador
venidero. Este espíritu ecuménico resultó en la creación de
respuestas conjuntas de las iglesias y grupos religiosos tales
como el Comité CONAR y COPACHI, y la Vicaría de la Solidaridad,
institución protegida por la Iglesia Católica que empleó en su
cenit algunas 200 personas con un apoyo de $2 millones anuales del
exterior. (Puryear)
Mucho antes del
11 de septiembre de 1973, Chile ya había despertado un interés
intelectual, político, e ideológico por su experiencia con un
sistema democrático que había permitido cambios políticos entre
sectores de la derecha, izquierda, y centro por la vía electoral.
Cuando llegó Salvador Allende-- un socialista cuya trayectoria
democrática era conocida -- a la presidencia, muchos intelectuales
extranjeros ya estaban en Chile o se fueron para allá para
observar o participar en la "revolución pacífica" que Allende
proponía llevar a cabo.
Con Allende,
Europa parece haber descubierto a Chile. Pablo Neruda, en Confieso
que he vivido memorias, escribió que bajo Allende:
El nombre de
Chile se había engrandecido en forma extraordinaria. Nos habíamos
transformado en un país que existía. Antes pasábamos
desapercibidos entre la multitud del subdesarrollo. Ahora por
primera vez teníamos fisonomía propia y no había nadie en el mundo
que se atreviera a desconocer la magnitud de nuestra lucha en la
construcción de un destino nacional. (Neruda 465)
Entre los
partidos políticos, los comunistas, socialistas, social-demócratas,
y demócrata-cristianos tenían vínculos fuertes con el exterior,
sobretodo en Europa, donde estos vínculos se habían fortalecido
durante la época de Allende..
Neruda observó
que:
Todo lo que
acontecía en nuestra patria apasionaba a Francia y a Europa
entera. Reuniones populares, asambleas estudiantiles, libros que
se editaban en todos los idiomas, nos estudiaban, nos examinaban,
nos retrataban. ... La ardiente simpatía hacia Chile se multiplicó
con motivo de los conflictos derivados de la nacionalización de
nuestros yacimientos de cobre.
En el caso de
los sindicatos, muchos en el exterior ya habían movilizado para
apoyar las demandas de los trabajadores bajo la administración de
Allende cuando él tomó una posición fuerte frente a las compañías
multinacionales
2
Aparte de esa
trayectoria de lazos, había condiciones internas y externas que
facilitaron una reacción internacional al golpe y los abusos que
ocasionó. Primero, un golpe militar en Chile era fuera de
costumbre. La naturaleza de la cultura chilena política �su
historia democrática de constitucionalismo, su tradición de
participación activa en la vida electoral, y su tradición de una
prensa libre e independiente, tanto como las normas del estado de
derecho garantizadas por la Constitución de 1925 y la costumbre
del control civil de los militares- puso de relieve el choque
dramático del derrocamiento de un líder electo del pueblo y el
establecimiento de un régimen militar que asumiera el poder por la
fuerza. Además el uso descarado de la tortura, la
detención-desaparición, y el exilio forzado como instrumentos del
poder político violó la tradición chilena, las sensibilidades
humanas, y las normas internacionales.
La naturaleza
del golpe no dejó espacio para la especulación. No había una
erosión gradual de las estructuras democráticas como en Uruguay o
Perú. En Chile quedó claro desde el inicio que el golpe militar
era el inicio de un ataque simbólico tanto como físico al tejido
social de Chile. Primero, el golpe en sí era brutal y comunicó las
intenciones del nuevo régimen sin ambages. Se bombardeó La Moneda,
se desmanteló el Congreso, se eliminó abruptamente los medios
libres de comunicación al mandar cerrar 26 periódicos y revistas,
se persiguió al liderazgo y a las bases de la administración
anterior, y se prohibió los sindicatos y el derecho a la asamblea.
De los miles que detuvieron en el Estadio Nacional, algunos, como
Adam y Patricia Garrett-Schesch, estudiantes graduados de la
Universidad de Wisconsin, lograron escapar y dar testimonio de las
ejecuciones que habían presenciado. (Washington Post, 24
septiembre 1973)
Aparte de la
historia democrática de Chile, el choque del golpe, y la ferocidad
de la represión, la asociación creciente del régimen con la figura
de Pinochet en el año después del golpe contribuyó a la
consolidación de los esfuerzos nacionales e internacionales en su
contra. Como la institución militar chilena se consideró una de
las más jerárquicas del mundo con una orden rígida y establecida,
fue lógico atribuir al comandante-en-jefe la autoridad y
responsabilidad definitiva de lo que pasaba en el país. Desde la
primera etapa -no como en Perú, Brasil, Uruguay, o Argentina,
donde hubo una difusión del liderazgo militar- se asoció el
régimen militar en Chile con una sola personalidad.
La política de
relegar a los opositores al exilio también contribuyó a la
reacción internacional al golpe por dos razones principales.
Primero la gente recurrió a las Embajadas para ayuda, dando a
conocer de inmediato la brutalidad del régimen al mundo
diplomático. Algunos diplomáticos que intentaron ayudar, como el
embajador sueco, Harald Edelstam, fueron expulsados luego por la
nueva Junta, y se dedicaron a luchar para la restauración
democrática. Segundo, miles de chilenos salieron de Chile a vivir
en Europa, América del Norte, Australia, y otros países de América
Latina, donde difundieron información, formaron amistades, y en el
mejor de los casos, generaron apoyo y solidaridad y contribuyeron
a los esfuerzos de aislar al dictador. Los diplomáticos chilenos
en Ginebra, Estocolmo, México, Caracas, y otras ciudades del mundo
presentaron sus renuncias con el golpe y muchos se quedaron en el
exterior. Si agregamos los chilenos que tenían que salir por
razones económicas, INCAMI, una organización católica chilena,
calcula que un millón de chilenos salieron de Chile en los
primeros tres años después del golpe. (Kay 1987, p. 50-51)
Aparte de las
capacidades individuales de los exiliados, algunos también ya
tenían vínculos en el exterior a través de fundaciones,
instituciones y asociaciones académicas (como LASA en los Estados
Unidos), partidos políticos, iglesias, y otras organizaciones
internacionales. Ayudados por estas redes internacionales, algunos
consiguieron puestos en universidades o en organizaciones como las
Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Banco Inter-Americano de
Desarrollo, y la Organización de Estados Americanos�desde donde
buscaron mecanismos para resistir la nueva orden política
introducida con el golpe.
Paradójicamente,
en los Estados Unidos algunos chilenos podían aprovechar del
espacio creado en las universidades por parte de la lucha de los
chicanos y afro-americanos durante los años sesenta. Con los
programas de acción afirmativa, la llegada de los chilenos
coincidió con cierta abertura a las minorías étnicas en muchos
campos.
Los chilenos
exiliados rápidamente sirvieron de nexo entre Chile y el exterior.
Se establecieron grupos de solidaridad con Chile, muchos iniciados
por chilenos desterrados, en más de 80 países del mundo. (Ropp y
Sikkink 1999, p. 176) En Francia, se organizó 400 comités de apoyo
de los chilenos en los primeros cinco meses. (Chile Newsletter,
febrero 1974, 1:4.) En Inglaterra, se formó la Chile Solidarity
Campaign (CSC) inmediatamente después del golpe, y algunos meses
más tarde el más amplio Chile Committee for Human Rights. En
ciudades por todo el mundo, surgieron otros comités parecidos.
Algunos, como los comités de NICH (Non-Intervention en Chile),
tenían vínculos con los partidos políticos �en este caso, el
MIR--en Chile, y otros buscaron crear alianzas multi-partidarias.
En el mundo
cultural también había muchos contactos globales. Figuras
culturales como Violeta Parra, Víctor Jara, Quilapayún,
Inti-Illimani, y Patricio Manns ya habían llamado la atención del
mundo con la nueva canción chilena, y cuando se derrocó a Allende,
algunos de estos músicos se encontraron en una gira en Europa
desde donde siguieron con una nueva misión de concientización.
La cultura jugó
un papel importante en la sensibilización de la comunidad nacional
e internacional a los efectos de la dictadura. Primero, la cultura
sirvió de pájaro en las minas, y cuando se torturó hasta la muerte
al poeta y cantor, Víctor Jara, en el Estadio Nacional -- con
tantos otros�y se condenó a los Inti Illimani y los Quilapayún al
destierro�se concientizó al público y estimuló la solidaridad de
un sector importante del mundo artístico.
En los Estados
Unidos, músicos como Holly Near, Arlo Guthrie, Ronnie Weaver, y
Pete Seeger dieron a conocer al público la tragedia que se vivía
en Chile. Joan Báez cantó el poema de Violeta Parra, "Gracias a la
Vida." Pete Seeger adaptó y cantó el poema, "Estadio Chile," de
Víctor Jara (quien décadas antes había introducido a Chile la
versión castellana de "If I had a Hammer." Holly Near, invitada
por Alive, un grupo femenino de jazz, escribió una canción que
mencionó por nombre una lista de las mujeres desaparecidas en
Chile. Sweet Honey in the Rock rindió su escalofriante "Chile,
Your Waters Burn Red Through Soweto." Menos de dos semanas antes
de su asesinato, Orlando Letelier habló en un evento organizado
por el National Coordinating Center in Solidarity with Chile,
Chile Democrático, y el Chile Committee for Human Rights, en
Madison Square Garden en el cual figuraron Joan Báez y Pete Seeger.
Y muchos de los que han cantado en una nueva honda musical a favor
de los derechos humanos�Jackson Browne y Sting, entre otros�cantaron
de Chile y Pinochet.
Las peñas,
establecidas por chilenos en muchas partes del mundo, ofrecieron
también un lugar de solidaridad y compañerismo donde a la vez
recaudaron fondos para los presos políticos y la resistencia a la
dictadura e invitaron la participación de colaboradores. Actores y
dramaturgos -- pienso en Michelle Feiffer, Martin Sheen, Jack
Lemon, Mike Farrell -- también mostraron interés en el caso
chileno y utilizaron su estatus en la sociedad norteamericana para
educar al público.
Las películas
(tales como "Battle of Chile," "Missing," "Il Postino," y "Death
and the Maiden"), poesía, drama (pienso en "Tres Marías y una
Rosa"), novelas (como La casa de los espíritus), revistas, música,
baile, y artes gráficas (como el de René Castro y Naúl Ojeda, el
uruguayo recién fallecido) y artes plásticas consiguieron dar
cara, cuerpo, y voz a la población chilena.
7
La represión
organizada bajo la Operación Condor llegó al exterior y atacó a la
soberanía de otros países al transgredir las fronteras de Chile.
Las más conocidas de sus actividades que provocaron respuestas
internacionales incluyeron: el asesinato por la DINA en 1974 de
General Carlos Prats (el precursor de Pinochet) y su esposa en
Buenos Aires; el asesinato fracasado en el mismo año en Roma de
Bernardo Leighton, líder demócrata-cristiano y exVice-Presidente
de Chile; el asesinato en septiembre de 1976 de Orlando Letelier,
ex ministro de relaciones exteriores con su colega, Ronni Moffitt,
en Washington, D.C., el secuestro y detención de docenas de
chilenos en otros países del Cono Sur.
El Institute for
Policy Studies (IPS) había invitado a Orlando Letelier a trabajar
con él para iniciar centros transnacionales de investigación --
resultado en parte de una relación iniciada cuando el cineasta
Saul Landau lo conoció cuando Orlando era embajador en Washington.
Su muerte y la de otra colega de IPS, Ronni Moffitt, profundizaron
el compromiso institucional de IPS tanto como el compromiso
personal de muchos que los conocieron o que trabajaron con ellos o
sobre el caso chileno.
Aparte de la
represión a los exiliados del exterior, la dictadura eliminó a
muchos residentes extranjeros en Chile � tales como Frank Teruggi,
Charles Horman, Sheila Cassidy, y Carmelo Soria. Si bien la
represión contra los chilenos propios era mucho más extensiva,
estos ataques legitimaron desde el primer momento el activismo de
gobiernos extranjeros en el caso chileno en un momento cuando no
había desarrollado un consenso en la práctica como el que existe
hoy sobre la universalidad de los derechos humanos y el derecho de
la comunidad internacional de opinar cuando un gobierno no cumple
con sus deberes de proteger y promover los derechos humanos de sus
ciudadanos. 4 ("24 Chilean and Uruguayan Refugees Abducted in
Argentina," Washington Post, 12 June 1976.)
Uno de los
factores externos que contribuyó a la respuesta extraordinaria al
golpe fue que el golpe se dio en un momento histórico propicio
para una resistencia internacional. Los años sesenta era un
momento histórico de mucha energía social. Había una nueva
concientización del poder del pueblo, de optimismo y esperanza, de
fe en las posibilidades de los cambios sociales.
En los Estados
Unidos, como en muchas partes del mundo, los estudiantes se habían
organizado, los movimientos sociales de la no-violencia activa
habían contribuido a parar la guerra en Vietnam, se había logrado
avances en los derechos civiles para las minorías étnicas
estadounidenses y para las mujeres en muchas partes, se estaba
organizando a favor de la independencia de las colonias africanas
y en contra del sistema de apartheid en África del Sur. Era un
momento de abertura a las ideas progresistas y de visiones
alternativas.
8
Paradójicamente
el papel de los Estados Unidos respeto a Allende y a Pinochet
contribuyó al interés en el caso chileno y al enfrentamiento
ideológico. Seis meses antes del golpe se había abierto una
investigación en el Senado de los Estados Unidos sobre la
intervención de la CIA y las compañías multinacionales (ITT,
Kennecott, y Anaconda) en la política chilena. En este contexto,
las revelaciones sobre la manipulación extensiva de la política
interna de Chile a partir de los años sesenta, tanto como la
actitud y el papel de la administración de Nixon y de la CIA en el
derrocamiento de Allende, la arrogancia de Henry Kissinger, el
subsiguiente apoyo abierto a Pinochet, y consiguieron enardecer
mucha oposición doméstica en el público tanto como en el Congreso
norteamericano. Un sentido de responsabilidad, rabia, y vergüenza
motivaron a muchos norteamericanos.
Después del
fracaso en Vietnam y el escándalo de Watergate, el público
norteamericano eligió al Congreso norteamericano algunos
representantes que una nueva clase de políticos-- los llamados "Watergate
Babies" -que exhibió una conciencia crítica respeto al papel
estadounidense en el mundo y buscaba hacer nuevos caminos en su
política exterior. El Congreso entonces se hizo sitio del debate
ideológico sobre la política estadounidense de apoyar a las
dictaduras- tales como se había apoyado en Vietnam. Estas
políticas de apoyar dictaduras militares en nombre del
anti-comunismo y la doctrina de la seguridad nacional se había
visto en décadas anteriores en América Latina -en Guatemala y
Paraguay (1954), Brazil (1964), la República Dominicana (1965),
Bolivia (1972) y pocos meses antes del golpe chileno, en Uruguay (Junio
1973). El caso chileno, sin embargo, dio impulso y enfoque para
una reevaluación de esta política.
2. ¿Cuáles eran
algunas de las campañas exitosas de solidaridad transnacional
durante la época de Pinochet?
Primero habría
que definir lo que constituye un éxito, y creo que estas
definiciones son múltiples, y cambiaron según la época y según las
campañas. Tendría que decir que hubo victorias de varios tipos.
Victorias simbólicas, triunfos sustantivos, y concesiones
temporales. Al nivel general, habría que observar que la gama de
resistencia al golpe fue impresionante, inmediata, y sostenida
durante muchos años.
El primer
triunfo fue que la sociedad civil chilena seguía activa a pesar de
la dictadura. No hubiera sido posible la resistencia sin la alta
capacidad de organización de los chilenos. Cuando las numerosas
delegaciones extranjeras viajaron a Chile a investigar los
derechos humanos, contaron con la experiencia, el conocimiento y
los consejos de muchos grupos de derechos humanos tales como la
Vicaría de la Solidaridad, la Comisión Chilena de Derechos Humanos,
FASIC, CODEPU, PIDEE, Serpaj, la Comisión Nacional Contra la
Tortura, el Movimiento Sebastián Acevedo, todas las agrupaciones
de familiares de las víctimas de la represión�de los desaparecidos,
de los presos políticos, de los ejecutados, de los detenidos�que
se establecieron durante la dictadura.
Las iglesias
lograron éxitos imprescindibles que fueron apoyados por la
comunidad internacional.
En la primera
etapa del golpe, estos éxitos y éxitos parciales incluyeron el
establecimiento de organizaciones en Chile que pudieron ofrecer la
asistencia humanitaria, sicológica, y legal a las víctimas de la
represión --a los que huían de la represión y a los que quedaron.
Con la colaboración del Alto Comisionado de las Naciones Unidas de
Refugiados (ACNUR) y el Comité Internacional para la Migración de
las Naciones Unidas (UN International Committee for Migration),
líderes de las iglesias católica, ortodoxa, protestante, y la
comunidad judía crearon el Comité Nacional de Ayuda a los
Refugiados (?) (CONAR) que facilitó el salvoconducto de algunas
4,500 personas en los primeros seis meses después del golpe.
El Consejo
Mundial de Iglesias, por la gestión del pastor presbiteriano
Charles Harper y el obispo luterano Helmut Frenz, fundó el Comité
por la Paz en Chile (COPACHI o el Comité Pro-Paz) el 6 de octubre
de 1973, en el cual participaron representantes de las iglesias
católica, luterana, baptista, etodista, metodista pentecostal,
ortodoxa, y la comunidad judía. COPACHI recibió 86% de su apoyo
del extranjero y el resto de Caritas Chile. La mitad de sus
finanzas venía de organizaciones evangélicas, sobretodo del
Consejo Mundial de Iglesias; el apoyo católico vino de la
organización holandesa, CEBEMO, MISEREOR de Alemania, y la
Conferencia Episcopal de los EEUU. Entre sí, CONAR y COPACHI
ofrecieron apoyo legal, fiscal, y emocional a las víctimas de las
violaciones de los derechos humanos. (Hawkins 2002, p. 56).
En enero de
1976, dos meses después de la disolución forzada de COPACHI y con
el amparo del Cardenal Raúl Silva Henríquez y la iglesia católica,
se estableció la Vicaría de la Solidaridad. La Vicaría, que
durante una etapa era el único espacio de resistencia permitida al
dictador, llegó a ser una institución modela para los defensores
de derechos humanos en el exterior. Recibió entre 1974 y 1979 un
apoyo internacional que se calculó en 100 millón de dólares para
los programas de derechos humanos y desarrollo económico. (Brian
Smith, 325-326, cited in Hawkins 2002,p. 56).
Había otros
éxitos o éxitos parciales en Chile que la comunidad internacional
apoyó. Las organizaciones gremiales de los sindicatos tomaron el
liderazgo de las protestas nacionales cuando declinó la economía
chilena a principios de los años ochenta, los partidos políticos
ganaron fuerza cuando se decidió seguir una estrategia electoral
con la campaña del NO a fines de los años ochenta; los periodistas
lograron sacar revistas independientes bajo muchas presiones, los
médicos comenzaron a organizarse contra la participación de los
médicos en las sesiones de tortura, los trabajadores culturales
mantenían viva las memorias y el deseo popular de justicia; los
intelectuales analizaron la situación y ofrecieron visiones de
salidas posibles; los abogados defendieron a las víctimas de
violaciones de derechos humanos a gran riesgo personal; las
mujeres demandaron la democracia en la casa y en la calle; los
mapuches buscaron proteger sus derechos a la tierra, y la gente
que sufría la crisis económica en carne propia en las poblaciones
se organizaron en ollas comunes, centros de salud, grupos de apoyo
para los cesantes, y muchos otros.
Aparte del apoyo
humanitario de las iglesias y el establecimiento de grupos de
apoyo dentro y fuera de Chile, habría que reconocer entre los
éxitos y éxitos parciales al nivel internacional: el aislamiento
diplomático; la organización de manifestaciones masivas de gente
en muchas partes del mundo durante los años de la dictadura
chilena; los boicots económicos de productos chilenos; y la
negación de los estibadores de cargar productos chilenos en
California, Francia, y en otros sitios. Tuvieron éxito parcial e
intermitente las campañas internacionales para liberar a los
presos políticos y para permitir volver a los exiliados, tanto
como las campañas para someter el régimen militar a un embargo de
comercio, o para ampliar el espacio para la libertad de expresión,
o para buscar la justicia en casos particulares tanto como
colectivos. Recientemente, una campaña organizado por Amnistía
Internacional, IPS, y TNI, con la colaboración de muchos grupos
chilenos y el apoyo de los estibadores sigue teniendo éxito. En
2003, lograron excluir de los puertos en Holanda, Suecia, España,
Perú, Ecuador, Panamá, y San Francisco en los Estados Unidos, el "Esmeralda,"
uno de los barcos utilizado como lugar de detención y tortura en
Chile�marcando una victoria simbólica del rechazo de la tortura
como instrumento del poder.
Las campañas
exitosas o parcialmente exitosas en Washington incluyeron la
campaña de cerrar la Oficina de Seguridad Pública de la AID (la
agencia que tenía la responsabilidad de entrenar las fuerzas
policiales extranjeros) y restringir los programas de educación y
entrenamiento militar internacionales (International Military
Education and Training --IMET); la campaña de las ONGs con el
Congreso para más supervisión y control sobre las actividades de
las agencias de inteligencia; la prohibición de ayuda militar o
policial y la reducción de ayuda económica a los más necesitados;
la abolición de las garantías y créditos del Banco EXIM y las
garantías de crédito de los productos (Commodity Credit
Corporation guarantees); el desarrollo (y después los esfuerzos
para promover su implementación) de legislación que condicionó la
ayuda bilateral norteamericana y sus votos en el Banco Munidal y
el Banco Inter-americano de Desarrollo sobre las prácticas de los
gobiernos recipientes de los derechos humanos; los esfuerzos de
vincular la política norteamericana con la cooperación del
gobierno chileno en el caso de los asesinatos de Letelier y
Moffitt en Washington.
Cada voto en las
Naciones Unidas presentó un desafío y una oportunidad para los
chilenos y los grupos de derechos humanos. Las Actas de la
Honorable Junta de Gobierno demuestran que la posición de los
Estados Unidos en aquel foro internacional le preocupaba mucho al
gobierno de Pinochet. (Goldberg 2003) Fue la presión de grupos
no-gubernamentales que logró que en noviembre de 1975 los Estados
Unidos dejara de abstener de votar por las resoluciones en las
Naciones Unidas que condenaron los abusos del gobierno de Pinochet,
y una década después que los Estados Unidos comenzara a liderar la
denuncia de tales. También los grupos no-gubernamentales
colaboraron con los gobiernos para lograr el establecimiento de un
rapporteur especial en la ONU sobre Chile.
Recientemente,
habría que reconocer las alianzas internacionales que facilitaron
la detención de Pinochet en Inglaterra por acciones de abogados
españoles con el apoyo de documentos recopilados por chilenos. Las
campañas subsiguientes de apoyo�como por ejemplo la que lanzó el
National Security Archives para reclasificar y dar a conocer
aquellos documentos que podían contribuir a los esfuerzos de los
que acusan a Pinochet�han tenido éxitos parciales en parte porque
contaron con la experiencia y conocimiento de individuos como
Peter Kornbluh y el fortalecimiento de la sociedad civil en los
Estados Unidos a causa del caso chileno.
Los esfuerzos
internacionales parecen haber contribuido a las decisiones de
disolver a la DINA, de poner fin oficial a la práctica de hacer
desaparecer a los detenidos, de cambiar el gabinete de Pinochet,
de levantar el estado de sitio, de garantizar condiciones
electorales más abiertas y hacer permitir más libertad de prensa,
y de hacer respetar los resultados del plebiscito en 1988.
Con la ventaja
que proporciona una mirada retrospectiva, se ve la necesidad de
tomar una perspectiva de largo plazo al evaluar cuáles han sido
los éxitos y se nota que a veces las metas de corto plazo no
importaban tanto como la educación, la sensibilización, y las
alianzas y relaciones de confianza que contribuyeron al
establecimiento de comunidades de derechos humanos que se iban
creciendo con cada acción tomada y que contribuyeron a la creación
de una conciencia internacional sobre Chile.
3. ¿Cómo cambió
el trabajo en derechos humanos en Chile y en el exterior?
El trabajo sobre
los derechos humanos en Chile cambió según lo que pasaba en el
exterior y en Chile, y según lo que pasaba en el desarrollo de las
normas, mecanismos, y evolución de las ONGs de derechos humanos.
Chile y el caso chileno tenían mucho que ver con el cambio que se
dio en el ambiente internacional durante las últimas tres décadas.
Hoy este ambiente se ve mucho más propicio�en la corte, en la
calle, en la prensa, o en las altas esferas�a juzgar no sólo a
Pinochet, sino a cualquier dictador criminal.
En Washington y
los Estados Unidos (y me imagino en muchos otros países), el
trabajo sobre Chile se relacionó primero a los cambios de gobierno
y la evolución de una sociedad civil que se preocupara por las
violaciones de los derechos humanos. Durante la administración de
Ford y Nixon, la capacidad organizativa de los grupos fuera de
Chile no era muy desarrollada, y no había un consenso sobre el
papel de los derechos humanos en la política exterior de los
Estados Unidos. En 1973, el representante Donald Fraser, jefe del
Subcommitteee on International Organizations and Movements of the
House Foreign Affairs Committee, lanzó una serie de audiencias
sobre el papel del gobierno norteamericano en la protección
internacional de los derechos humanos, motivada en parte por las
situaciones en Chile y Corea del Sur. En aquella época, su comité
concluyó: The human rights factor is not accorded the high
priority it deserves in our country�s foreign policy...
Unfortunately, the prevailing attitude has led the United States
into embracing governments which practice torture and unabashedly
violate almost every human rights guarantee pronounced by the
world community� A higher priority for human rights in foreign
policy is both morally imperative and practically necessary." (Fraser,
p. 218)
Esta conclusión
resultó en una confrontación directa entre el Congreso y la rama
ejecutiva, cuyo Secretario de Estado Henry Kissinger había
concluido: "I believe it is dangerous for us to make the domestic
policy of countries around the world a direct objective of
American foreign policy."
Chile fue el
catalizador de una nueva época en la historia de la defensa de los
derechos humanos y de la política norteamericana al respeto.
Cuando Pinochet entró al poder en Chile, al nivel internacional ya
existieron herramientas y normas que no se habían aplicado. Una
generación anterior de defensores de derechos humanos había
codificado los derechos humanos en la Declaración Universal de los
Derechos Humanos de las Naciones Unidas (1948), el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto
Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ECOSOC)
(1966) �que entraron en vigencia en 1976-- y la convención
interamericana de derechos humanos (1969) que estableció la corte
regional de derechos humanos. Los juicios de Nuremberg ya
establecieron un modelo de atribución de responsabilidad por las
atrocidades.
Los esfuerzos de
los chilenos en Chile y fuera de Chile provocaron respuestas
activistas de cuerpos regionales e internacionales. En 1974, la
OEA por primera vez condujo una investigación in situ de
violaciones de derechos humanos en Chile, donde centenares de
chilenos�la mayor parte mujeres� fueron a las oficinas
establecidas en Santiago para denunciar la detención y
desaparición de sus familiares y amigos. La OEA, como organización
intergubernamental cuyo mandato requiere consultas con los
gobiernos miembros, nunca antes había tomado acción sobre las
alegaciones de violaciones de un país miembro�inclusive había
negado de hacerlo con un informe sobre la tortura en Brasil hace
tres meses antes del golpe chileno.
El caso de Chile
sentó un precedente en las Naciones Unidas también cuando
respondió por primera vez a los abusos de derechos humanos, sin
considerarlos necesariamente como una "amenaza internacional a la
paz y seguridad." (Kamminga 1992) Las Naciones Unidas estableció
su primer grupo de trabajo (working group) en 1976 sobre Chile y
su primer rapporteur especial sobre derechos humanos en 1978 en
Chile. La expansión de las actividades de estas organizaciones
abrió nuevas oportunidades para acciones de documentación,
vigilancia, denuncia, y debate sobre el caso chileno.
Aparte de su
impacto en el ámbito internacional, el caso de Chile tenía un
impacto en los sistemas nacionales. En los primeros meses después
del golpe y en los años subsiguientes, el trabajo en parte era el
de crear conciencia y hacer cuestionar lo que pasaba en Chile, la
posición de los Estados Unidos frente a los gobiernos de Allende y
Pinochet, el carácter de la Doctrina de Seguridad Nacional, y los
costos del modelo neo-liberal de los "Chicago Boys." En eso habría
que reconocer el trabajo de NACLA, entre otros. Parte de este
trabajo fue establecer normas en la legislación doméstica que
coincidiera con las normas establecidas en los instrumentos
internacionales, tales como la Declaración Universal de los
Derechos Humanos.
En esta primera
etapa cuando había poca conciencia de América Latina en
Washington, fue un éxito establecer relaciones de confianza entre
las ONGs y el gobierno norteamericano. Fue un logro encontrar
gente dispuesta a recibir a los chilenos y a responder a lo que
sucedía en Chile�gente como Mark Schneider, Nancy Soderberg, y
Sen. Edward Kennedy; Ed Long y Rep. Ted Weiss; entonces Rep. ahora
Senador Tom Harkin; Cindy Arnson y Rep. George Miller; Jan
Shinpoch y Rep. Stan Lundine; (ahora diputado) James McGovern y
Rep. Joe Moakley; Rep. Toby Moffett; Nancy Agris, Vic Johnson,
Lilian Pubillones y Cong. Mike Barnes; Rep. Don Fraser y John
Salzburg; Bob Dockery y Sen. Christopher Dodd; Sen. John
Kerry; Barry Sklar, y el personal del Senate Foreign Relations
Committee; Cong. Bruce Morrison, Cong. Pete Stark, Cong. Tom
Lantos, Cong. Rick Boucher, Cong. Bill Alexander, Rep. Doug
Bereuter, y otros.
El golpe provocó
respuestas institucionales por parte de las iglesias católicas y
protestantes, quienes vieron la necesidad de asegurar que las
realidades vividas por sus colegas en aquellos países se
representaran en las altas esferas de Washington. Chile fue
catalizador de la formación de una serie de nuevas organizaciones
cívica-religiosas como la Washington Office on Latin America, cuya
primera directora�de corto plazo--Diane LaVoy, jugaría un papel en
la famosa investigación del Senador Frank Church sobre las
acciones de la CIA en Chile, cuyo segundo director, Joe Eldridge,
era misionero metodista en Chile cuando vino el golpe; también
Heather Foote, que dirigió WOLA en los años ochenta y ahora se
encarga de la oficina del AFSC en Washington, había trabajado en
Chile como colaboradora con el Comité Pro Paz.
El Council on
Hemispheric Affairs, creado en 1975, también fue producto del
encuentro con Chile, donde su director, Larry Birns, trabajaba con
ECLA de la ONU en los meses antes del golpe. Chile también dio
nueva energía y enfoque al tema de los derechos humanos en las
actividades de organizaciones como Americans for Democratic Action,
the Friends Committee for National Legislation, the Human Rights
Working Group of the Coalition for a New Foreign and Military
Policy, Clergy and Laity Concerned y Center for International
Policy�grupos que habían luchado con cierto éxito en contra de la
política norteamericana en Vietnam y que en los años iniciales del
golpe buscaron establecer nuevas normas en la política exterior y
más vigilancia por parte del Congreso sobre las acciones de la
rama ejecutiva. La represión contra ciertos sectores en Chile�tales
como los trabajadores, los periodistas, los artistas e
intelectuales, los trabajadores de la salud, y los estudiantes�o
tácticas como el uso de los médicos en la tortura�mobilizaron
muchos homólogos en el exterior a formar sus propios grupos o
campañas de solidaridad o a organizar visitas de investigación a
Chile.
Estas
organizaciones y otros que aparecieron más tarde, como Americas
Watch, sensibilizaron al público del tema de Chile y promovieron
una política a favor del respeto de los derechos humanos frente a
las instituciones gubernamentales, intergubernamentales y
no-gubernamentales. Debe haber muchas otras historias parecidas en
otras partes del mundo también.
Con el
establecimiento y la consolidación de organizaciones de derechos
humanos, hubo también más presión al nivel de la política
norteamericana hacia Chile. Los esfuerzos para promover audiencias
públicas sobre Chile lograron en los Estados Unidos que cada año a
partir de 1973, los comités de relaciones exteriores de la Cámara
de Diputados y del Senado recibieron testimonio sobre Chile cuando
debatieron el proyecto de ley para la ayuda externa.
En la primera
década de Pinochet, bajo Ford y Nixon, los grupos de derechos
humanos (que se iban constituyéndose) buscaron crear las
herramientas y mecanismos nacionales de presión sobre sus
gobiernos y el gobierno de Chile. Entre 1975 y 1977, consiguieron
que los Estados Unidos cortara la ayuda militar, limitara la ayuda
económica, y se opondría a préstamos en el Banco Inter-Americano
de Desarrollo y el Banco Mundial a los gobiernos que violaron
sistemáticamente a los derechos humanos de sus ciudadanos. En
1976, como respuesta a las críticas del Congreso sobre la política
norteamericana hacia Chile, el Departamento de Estado inició la
publicación de un informe anual sobre el estado de los derechos
humanos para la cual las embajadas extranjeras comenzaron a tener
que prestar atención y tomar contactos con los grupos de derechos
humanos.
Durante la
administración Carter (1977-81), hubo una alianza entre la rama
ejecutiva y la legislativa para crear y fortalecer mecanismos
gubernamentales para promover los derechos humanos de manera más
sistemática. Fue en estos años cuando se estableció la legislación
más exigente para los gobiernos recipientes de la ayuda
norteamericana en cuanto a su posición respeto a los derechos
humanos referida antes.
Con el liderazgo
de Carter y su administración, Chile fue beneficiario de una
política de promoción de los derechos humanos en las instituciones
nternacionales. Carter nombró a Andrew Young, asistente de Martin
Luther King, Jr. y del equipo del Southern Christian Leadership
Conference, como Embajador a las Naciones Unidas. Young señaló
como asistente al recién fallecido Brady Tyson, también conocido
por su participación en la estrategia de la no-violencia activa en
defensa de los derechos civiles.
Se había
establecido en 1976 una oficina de coordinación de derechos
humanos y asuntos humanitarios que sirvió de consejero del
secretario de estado. Bajo Carter se ascendió la posición en 1977
al nivel de subsecretario de estado, aumentaron el personal de 2 a
7 personas, y Carter nombró como subsecretario a Patricia Derian,
otra activista de los derechos civiles y fundadora de la
Mississippi Civil Liberties Union. (Schoultz 1981; p. 126) Sirvió
como asistente Mark Schneider, uno de los responsables del trabajo
sobre Chile en los primeros años de Pinochet en el Senado, donde
trabajaba como asistente de Senador Edward Kennedy.
En la
subsiguiente administración de Reagan�la época de la "diplomacia
silenciosa"-- los Estados Unidos cambió de posición y las leyes
que fueron establecidas anteriormente fueron violadas abiertamente.
Por consiguiente, en aquella etapa, las ONGs lucharon para vigilar
su implementación.
Hubo una lucha
para establecer las definiciones de la violación "sistemática" de
los derechos humanos, para contestar las afirmaciones que la
situación se mejoraba, y para hacer implementar las leyes que se
había establecido antes. Cuando la administración de Reagan trató
de quitar la prohibición de ayuda militar a Chile, por ejemplo, la
oposición en el Congreso norteamericano consiguió suavizar la
modificación al introducir algunas condiciones a la ayuda. En otro
caso, a pesar de la ley, la dministración comenzó a votar a favor
de los préstamos para Chile. La legislación no resultó suficiente
para prevenir que la administración simplemente no afirmara que
cumplían con las condiciones del Congreso.
Una consecuencia
fue que algunos grupos como WOLA ampliaron el enfoque de su
trabajo en el Congreso. De los comités que trataron temas de
relaciones exteriores (SFRC y HFAC), comenzaron a cultivar
relaciones con los congresistas (republicanos y demócratas) en los
comités que financiaron las instituciones financieras
internacionales. Tal era el caso del representante Bruce Morrison,
que participó en una delegación auspiciada por WOLA y una serie de
actividades en Chile en 1986.
Las acciones
internacionales respondieron también a los eventos en Chile.
Cuando en 1982 llegó la recesión económica a Chile, y se iniciaron
los días nacionales de protesta, los grupos nacionales ya habían
desarrollado los mecanismos para responder, y ya estaban vigentes
los mecanismos de denuncia frente a las organizaciones
internacionales como la OEA y las Naciones Unidas. A mediados de
los años ochenta, hubo cambios profundos en la oposición. Con el
Acuerdo Nacional en 1985, dentro de Chile hubo un cambio de un
enfoque de derechos humanos a un enfoque electoral.
Los grupos de
derechos humanos en el exterior buscaron apoyar y ampliar una
abertura política para aumentar las posibilidades de un cambio a
un sistema más democrática � llamando la atención a las
condiciones bajo las cuales se preparaba la campaña electoral para
el plebiscito de 1988. (Hawkins 2002, p. 59) Las fundaciones
ampliaron su apoyo y empezaron a financiar organizaciones más
abiertamente políticas. Entre 1985 y 1988, se calcula que donaron
un promedio anual de hasta 55 millón de dólares. (Angell 1994)
Estos fondos ayudaron a reconstruir los partidos políticos, los
sindicatos, y los medios de comunicación que los años de dictadura
habían prácticamente destruido. (Hawkins 2002, p. 60)
Habría que
reconocer un cambio también en la provisión de fondos. En los años
ochenta, los gobiernos y partidos políticos extranjeros
reemplazaron a las iglesias y grupos de derechos humanos en la
provisión de ayuda. Las fundaciones políticas alemanas
contribuyeron 26 millones de dólares a Chile entre 1983 y 1988;
los Estados Unidos dio $6.8 millones desde 1984-1988; e Italia
Holanda, y otros también contribuyeron. (Pinto-Duschinsky 1991, p.
40).
Después de la
toma de poder del nuevo presidente Patricio Aylwin y la
publicación del informe de la Comisión Rettig, se vio la
transformación de la agenda doméstica en Chile sobre los derechos
humanos. Primero, gran cantidad del personal de las ONGs de
derechos humanos se trasladaron a trabajar con el nuevo gobierno.
Segundo, las ONGs se encontraron en el papel incómodo de criticar
a un gobierno electo que incluyó a muchos con quienes se había
trabajado en la oposición a Pinochet. Cuando la Comisión de
Derechos Humanos de las Naciones Unidas concluyó en 1996 que la
tortura seguía como práctica en Chile y que el gobierno no había
actuado para controlar las actividades de las fuerzas de seguridad,
paradójicamente no había mucho espacio para mobilizar a los
chilenos o a dar una respuesta internacional. (US Dept of State,
Chile Human Rights Practices, 1997)
Tercero, después
de recibir apoyo sustancial durante los años de dictadura, con la
entrada de un gobierno electo, las ONGs perdieron el
financiamiento. El nuevo fondo gubernamental de inversión social
absorbió el dinero de la Unión Europea y otros que antes llegaba a
las ONGs. Cuarto, la Vicaría de la Solidaridad dejó de operar y
los otros grupos de derechos humanos tuvieron que re-evaluar sus
estrategias dado la falta de personal y dinero. También grupos
como la Fundación Inter-Americana dejó de actuar en Chile en 1996.
Esos cambios
tenían su impacto también en el exterior. En los años noventa,
predominaron los temas de la justicia transicional y la naturaleza
"tutelada" de la democracia. La experiencia con la Comisión Rettig
por ser pionero anticipó la popularidad de tales proyectos�y el
trabajo de la Comisión no generó mucha atención en Washington, en
parte porque todos lo reconocieron como una negociación política
que privilegió la reconciliación sobre la justicia. Irónicamente,
creo que también hubo mucha reticencia por parte de los
extranjeros que habían trabajado del mismo lado a favor de los
derechos humanos de repente juzgar el proceso inadecuado. Sin una
visión clara de la nueva relación en la democracia, faltaba la
acción decisiva.
En los años
noventa y a principios de los años de 2000, había contactos e
informes sobre la situación en Chile, pero no se podía sostener la
atención de los políticos extranjeros, el público, la prensa, las
fundaciones, y la misma comunidad de derechos humanos, que ya se
vio preocupada por otras situaciones de crisis en otras partes del
mundo�con Centroamérica en particular, y después con Haití, Perú,
las repúblicas anteriores de Yugoslavia. "Human rights NGOS tend
by their nature to be short- staffed and overworked and each new
crisis displaces the last before one is able to work through the
resolution of the earlier one," me comentó un observador.
Cambios de
personal en algunas organizaciones en Chile y en el exterior
debilitaron las relaciones institucionales entre grupos. Muchos
chilenos que vivían en el exilio volvieron a Chile a negociar
nuevas vidas allá. Después de largos años de la dictadura, muchos
se sentían libres de buscar nuevos caminos profesionales y
personales, entregando lo aprendido por su relación a la lucha en
otros ámbitos.
Cuando en 1992,
la Vicaría tomó la decisión de cerrar sus puertas, una voz
importante en el exterior se perdió. No sé hasta que punto el
financiamiento extranjero se había agotado o si la disolución de
la Vicaría anticipó las decisiones de las organizaciones
filantrópicas al señalar que la reconciliación seguía en buen
camino y las estructuras democráticas re-establecidas marchaban
bien (si con algunas restricciones).
WOLA, que había
sido muy activa en cuestiones de Chile en las décadas setenta y
ochenta, dejó de iniciar muchas actividades sobre Chile al salir
Pinochet de la presidencia. Se sentía que había un proceso
doméstico legal y político de que los chilenos podían aprovechar,
que no era asunto que requería la intervención de terceros. Como
un miembro de un ONG me contó, "No había un mandato claro para la
comunidad internacional. Nadie venía para pedir ayuda o apoyo
internacional, como sería el caso de los centroamericanos con los
procesos de paz en El Salvador y Guatemala."
¿Cómo se mantuvo
viva la búsqueda para la paz y la justicia en los primeros años de
los años noventa?
Los ritos y la
cultura han mantenido viva la memoria de los sufrimientos
colectivos y personales tanto como el deseo de hacer justicia. Las
ceremonias cada septiembre en el círculo de Sheridan -- lugar
donde fueron asesinados Letelier y Moffitt -- tanto como el
entregamiento anual de los premios de derechos humanos "Letelier-Moffitt"
han servido como ritos importantes que convocan a la gente para
renovar el compromiso para con la memoria de las víctimas de la
dictadura. Han contribuido a la creación de una comunidad y han
ofrecido un contacto continuo que ha fortalecido los lazos de
amistad y comunicación entre chilenos y "chilenistas."
En Washington,
el círculo de Sheridan, tal círculo de amistad, es uno de los
lugares que provoca lo que Alex Wilde ha llamado "irrupciones de
la memoria." Los ritos del írculo � la música, la oración, las
flores, las lágrimas, las sonrisas, las palabras y el silencio--
son la base de "nuestra América"--una América de compasión, de
recuerdos intencionales, de espiritualidad profunda, de
indignación ante las violaciones cometidas, y de dignidad
compartida.
Una América que
denuncia la injusticia y anuncia el poder del amor, de esperanza,
y de la justicia.
El arte ha
servido y sigue sirviendo como una "luz entre tinieblas"� nombre
de una exposición artística organizada por Robb Hite -- que viaja
por los Estados Unidos desde hace tiempo y que relata en imágenes
y textos la lucha, la esperanza, la visión de un futuro mejor, el
triunfo de la vida sobre la muerte. Tales proyectos colaborativos
crean comunidades que en la producción tanto como en la
presentación fortalecen alianzas de luz y energía y visión.
Surgió de la
pesadilla de la dictadura las arpilleras, dolor hecho arte, que
lograron transformar las víctimas en protagonistas, los familiares
en comunidad, y que dieron forma a los cuyos cuerpos desaparecidos
y robados. A través de las décadas, esta arte popular, tejido por
las lágrimas y el coraje de las mujeres, mantenía viva las quejas
y expectativas colectivas de justicia, y se comunicaron su
angustia en un lenguaje simbólico y directo a la comunidad
internacional.
Los familiares
de los detenidos-desaparecidos o las otras víctimas de la
represión y sus abogados -- por su voluntad y por su coraje--han
jugado y siguen jugando un papel importante en las cortes tanto
como frente a la opinión publica internacional. La documentación
extensiva recopilada en los años setenta y ochenta por los grupos
de derechos humanos en Chile como la Vicaría, la CCDH, FASIC,
Serpaj, la Agrupación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos, y
FEDEFAM es lo que hace posible acusar a Pinochet hoy. Las
dificultades que encontraron estos grupos de hacer responsables a
los culpables en Chile, los llevó a buscar alianzas en el
exterior, donde se pudo hacer quejas y acusaciones formales y
documentadas.
Los cambios en
el medio ambiente internacional a partir de los primeros años de
los noventa siguen ofreciendo nuevos modelos, nuevas posibilidades
y nuevas esperanzas. Ahora hay instituciones como la Corte
Criminal Internacional tanto como nuevas convenciones contra la
tortura. En muchos países del mundo se ha establecido comisiones
nacionales para esclarecer los hechos ocurridos y establecer
responsabilidad para los abusos. Se ha visto el establecimiento de
mecanismos de justicia con los tribunales creados en las ex
repúblicas de Yugoslavia , Rwanda, Kosovo, East Timor, y Sierra
Leone; y por todas partes del mundo se va buscando la
reconciliación interior, en la comunidad, y al nivel nacional e
internacional. Hoy existe una cultura internacional más propicia a
los derechos humanos, en gran parte fortalecida por la experiencia
chilena.
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