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AUSTRALIA

Hace un tiempo nos llegó el libro del profesor Gustavo Mártin Montenegro, dedicado al estudio del proceso de solidaridad internacional con nuestro pueblo en Australia. Ahora ponemos a vuestra disposición la introducción del citado libro y la posibilidad de leer o bajar el texto completo. Agradecemos al profesor Mártin Montenegro el que nos haya facilitado copia de su investigación.

 

 La campaña de solidaridad con Chile en Australia: 1973-1990

 

 Introducción

 El 11 de septiembre de 1973, el Gobierno Constitucional de la República de Chile fue derrocado por un golpe militar. En el alzamiento contra el régimen elegido por voluntad popular muere el Presidente de la Nación, se deja a un lado la Constitución del Estado y todos los códigos legales que garantizaban los derechos y conquistas de los trabajadores y se comienza a gobernar mediante el sistema de Bandos Militares en tiempos de guerra. Se clausura el Congreso Nacional. Se aniquila la libertad de prensa y son clausurados la casi totalidad de los diarios, revistas y radioemisoras y sobre las estaciones de televisión se establece un directo control militar. Los partidos políticos de orientación popular son declarados fuera de la ley, mientras al resto se le impone un receso obligatorio. Todas las organizaciones sindicales y vecinales son disueltas sin excepción. Sobre el pueblo, sobre la masa de trabajadores, sobre todo aquel sospechoso de haber simpatizado con el régimen caído, sin importar edad, sexo o condición, se descarga una de las más brutales y enconadas persecuciones que haya conocido Chile en particular y América Latina en general. Se habilitan campos de concentración, se institucionaliza la tortura y se hacen desaparecer a ciudadanos, hombres y mujeres, sin que dejen rastro. El amedrentamiento físico y psicológico, el terror masivo y la violación de los más elementales derechos humanos pasan a ser, a partir de entonces, elementos nuevos en el diario acontecer de una sociedad acostumbrada al disfrute de todas las libertades sociales y políticas. Las artes, la ciencia y la cultura nacional son declaradas enemigas de la ideología que sustentan los nuevos gobernantes. Se produce el asalto armado a las universidades del país y las cámaras cinematográficas, que recorren el mundo, muestran a soldados quemando libros y destruyendo obras de arte, cuyo patrimonio el país guardaba con celo y orgullo. Las sedes diplomáticas acreditadas en Santiago son abarrotadas con la presencia de miles de personas que buscaban escapar y ponerse a salvo de una locura no registrada en una sociedad civilizada. A los pocos meses, más de un millón de chilenos dejan el país y se establecen en el extranjero. Según los antecedentes de la Comisión de Inmigraciones de la Iglesia Católica chilena, un 10% de la población se vio obligada a dejar el país al negársele la seguridad personal o el derecho a mantener a sus familias.

Por un espacio de 16 años y tres meses se sostiene en Chile una dictadura militar que gobierna el país a su arbitrio. Los métodos usados para mantener a la población sometida a los intereses que representaba, provocaban preocupación y molestia en países de muy diferentes posiciones ideológicas y con distintos modelos de organización socio-política.

Este impacto producido en una nación pequeña y casi desconocida para millones de seres humanos en el mundo, ocupaba las primeras páginas de los diarios, revistas y un gran espacio informativo en radioemisoras y canales televisivos. Chile pasaba a ser desde ese momento un país al cual se le había cercenado en forma ilegítima y violenta el derecho a su independencia económica y a su autodeterminación política. Con esta lectura, los pueblos del mundo reaccionaron y sus fuerzas políticas y sociales más avanzadas se dispusieron a entregar su contribución a una lucha liberadora que pusiera término a la dictadura militar y restituyera, a la brevedad posible, la democracia y el estado de derecho.

A 15.000 kilómetros de distancia del escenario de estos violentos sucesos, aquí en Australia, la repercusión no tardó en llegar y la reacción no se hizo esperar.

Efectivamente, los eventos producidos en Chile a partir del 11de septiembre de 1973 encontraron en Australia un inusitado eco y las actitudes iniciales de condena al golpe militar y la continua observación posterior del régimen fueron creando en el país una cultura política que se expresó en muy diferentes y variadas formas.

La rigurosidad asumida por sectores de la sociedad australiana contra al régimen militar de Chile era el resultado de una nueva mentalidad política y social que se había creado en gran parte de la estructura civil a partir de la década de los años 60, cuya consolidación se produce como consecuencia de la guerra contra el Vietnam, tiempo en que se robustecen grupos y organizaciones políticas y laborales, muchas de los cuales deciden incorporar a sus preocupaciones la lucha por la restitución democrática y el regreso al estado de derecho de esa nación del cono sur de América. Aún cuando con anterioridad a los eventos ocurrido en Chile se habían realizado acciones industriales contra otros países de parte de los sindicatos australianos (en 1937-38 hacia el Japón cuando invadió China y en 1948-49 contra Holanda que rehusaba conceder la independencia política a Indonesia), éstas nunca alcanzaron la sensibilidad demostrada frente el �caso chileno�. No se mostró interés por entregar santuario político a las víctimas de estos hechos (la política de �White Australia� termina oficialmente en 1974 durante la administración de Whitlam), ni se estimuló la influencia cultural que estos pueblos podrían haber aportado a la sociedad australiana, como aconteció con los exiliados chilenos.

La solidaridad con Chile se expresó más allá de las restricciones comerciales e incorporó en sus tareas a varios grupos y organizaciones, los que junto a las organizaciones políticas y sindicales de Australia, crearon desde sus inicios un movimiento de solidaridad que trascendió hacia sectores sociales que no habían mostrado anteriormente un interés por situaciones ocurridas en otros países. Ellos se dedicaron a constituir comités de solidaridad, a crear en torno a ellos una red de adherentes que pudiera amplificar su trabajo y mantener así una actitud de vigilancia, de denuncia contra la violación de los derechos humanos y de formación de opinión pública para exigir la restitución democrática del país. Estas organizaciones unitarias del movimiento social y político de Australia establecieron, además, contactos y relaciones con las fuerzas democráticas de Chile y con los organismos internacionales que se constituyeron en distintos países del mundo para ayudar a los chilenos a revertir la situación política creada por la contrarrevolución triunfante.

Sus preocupaciones estuvieron también relacionadas directamente con la atención a las víctimas del golpe de estado, en especial a los miles de chilenos que debieron dejar su patria y establecer su nuevo domicilio en Australia. Para ello, ejercieron presión sobre las autoridades administrativas del país para recibir a exiliados políticos con sus familiares, abrir nuevos criterios dentro de la política de inmigración para dar cabida a miles de chilenos que fueron marginados del modelo socio-político y socio-económico impuesto por el nuevo régimen militar.

Con estas olas inmigratorias mostraron una preocupación distinta a la entregada a otros grupos étnicos: políticamente buscaron preservar los valores y formas culturales del exilio chileno, aminorando de este modo el choque cultural que les significaba establecerse en otro país, cursando invitaciones a dirigentes sindicales y políticos de la diáspora chilena para vincularlos a esta franja de exiliados, coordinando la exhibición de películas y documentales sobre Chile, convidando a conjuntos de música popular de su país de origen, realizando representaciones teatrales, veladas sociales y artísticas; tareas que fueron incorporadas a la sociedad australiana y cuyos efectos permitieron robustecer este movimiento solidario y ganar nuevos adeptos para los organismos constituidos en cada estado del país.

 A través de estas organizaciones se acumuló una extensa información acerca de los acontecimientos en Chile y se ejerció una presión constante sobre las autoridades gubernamentales del país para obtener de parte de ellas, apoyo a sus objetivos y un mayor compromiso político con las espiraciones del movimiento popular chileno, derrotado el 11 de septiembre de 1973. Estas organizaciones de solidaridad con Chile crearon, como consecuencia de su trabajo, una sensibilidad social compartida, en que cualquier alusión favorable a la dictadura militar era ridiculizada o motejada de irrisoria. A esta actitud contribuyeron los propios chilenos que se integraron a estos organismos y cuyos testimonios sobre la situación de Chile ayudaron a facilitar la imagen draconiana que adquirió el régimen; no eran sólo los medios de comunicación de masas los que entregaban las informaciones frías y documentadas sobre la realidad que vivía el país, sino que además, los chilenos proporcionaban directamente el rostro humano de esta tragedia.

 A consecuencia de estas presiones los distintos gobiernos de Australia se vieron constantemente asediados por los requerimientos que ejercieron las organizaciones que se integraron al trabajo de solidaridad. Ellos se vieron obligados a no eludir el problema, a dar respuestas y a adoptar posiciones políticas frente a estas preocupaciones. De este modo, los Prime Ministers, Whitlam, Fraser y Hawke, debieron asumir públicamente una actitud frente al golpe y a la dictadura militar. En este sentido, los gobiernos australianos del período fueron incorporados al problema y presionados para pronunciarse y actuar con respecto a la violación de los derechos humanos y civiles de la población, a la restitución democrática que exigía el movimiento popular chileno y las fuerzas internacionales que habían hecho causa común con sus intenciones, a las relaciones bilaterales en materia de comercio y por último en aspectos concernientes al santuario político y a la inmigración chilena.

 La solidaridad provino principalmente del movimiento sindical australiano, cuyas raíces en la lucha social y política lo identifican en gran medida con el movimiento laboral surgido en Chile a fines del siglo pasado. A través de él fue posible hacer que las acciones de denuncia y de solidaridad con los trabajadores y los sindicatos chilenos ejercieran influencia en los gobiernos y en la sociedad australiana. Sus observaciones y acciones industriales obligaron en gran medida a reajustar las normas de comportamiento que gobiernos y empresarios deseaban mantener con la dictadura militar. En este compromiso se destacaron las organizaciones sindicales australianas más importantes del país, cuyo peso en la vida económica de Australia ha sido decisivo en su proceso de industrialización, transporte, educación y comercio exterior. La influencia de estos sindicatos se extendió también a su central sindical, el Australian Council of Trade Unions, ACTU, quien debió asumir una posición sobre �el caso chileno� introducida por ellos, pese a la oposición o vacilación de algunos de sus más altos dirigentes.

 La exploración de estas reacciones y de las acciones asumidas por distintos sectores de la sociedad australiana es el objeto del presente trabajo.

 Para desarrollar este análisis, el autor ha optado por presentar una crónica histórica, una narración cronológica que recoge en tres sectores distintos de la sociedad australiana la respuesta a los eventos ocurridos en Chile.

 En la primera parte, dividida en tres capítulos, se ofrece un cuadro general sobre la situación política australiana hacia 1973, la que nos induce en su contexto histórico a justificar la prontitud y fuerza con que nacen en el país las organizaciones de solidaridad con los sectores democráticos vencidos por el golpe militar en Chile y las acciones emprendidas por ellos, movimiento enriquecido posteriormente por el exilio chileno que se integra a trabajar en estas instancias de solidaridad.

 La segunda parte constituye un recuento histórico de la posición de tres gobiernos australianos, el cual cubre el período de los 16 años y tres meses de duración del gobierno militar en Chile. En tres capítulos diferentes son documentadas y analizadas: sus actitudes políticas, sus relaciones comerciales con el gobierno del general Pinochet y las disposición para permitir el ingreso al país de chilenos que deseaban establecer su residencia en Australia.

 Por último, la tercera parte está dedicada a la solidaridad del movimiento sindical de Australia con los trabajadores de Chile. A través de cuatro capítulos, se documentan las similitudes con que nacen ambas fuerzas laborales, la posición de la ACTU, el embargo impuesto por los sindicatos marítimos y la actitud asumida por los sindicatos más importantes del país.

 De la lectura de este trabajo se podrá evaluar el efecto que produjo en Australia el fenómeno de la contrarrevolución en Chile: las repercusiones que tuvo el golpe de estado y los posteriores procedimientos utilizados por el régimen militar, las posiciones que fueron asumidas, las acciones que se implementaron como respuesta a la situación creada y por último, el papel jugado por las fuerzas sociales y políticas de Australia en el movimiento internacional de solidaridad creado con los sectores vencidos en el golpe de Estado.

Gustavo Mártin Montenegro

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