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Selección
de artículos sobre Chile o en los que comenta aspectos del país.
La Santísima
Trinidad del 11 de septiembre
Manuel
Vázquez Montalbán
Hasta
el 11 de septiembre de 1973 esa efemérides era de exclusiva
propiedad de los catalanes, pueblo mediterráneo activo pero
melancólico, que en esa fecha conmemoraba su día nacional,
coincidente con una de sus derrotas históricas más importantes. El
11 de septiembre de 1714, los catalanes perdieron la guerra contra
las tropas del borbónico rey de España y la derrota significó una
dura agresión contra el hecho diferencial catalán, agresión
ultimada por el general Franco dos siglos después. A trancas y
barrancas, en plena clandestinidad antifranquista, todos sabíamos
que el 11 de septiembre había que acercarse a la estatua del héroe
nacional Rafael Casanova todo lo que la policía lo permitiese, que
era poco.
Hete
aquí que a la coalición ITT-Kissinger-Pinochet se le ocurre dar el
golpe de Estado en Chile el 11 de septiembre de 1973, y lo que era
fecha reivindicativa exclusivamente catalana se convierte en un
hito global de las izquierdas y otras fuerzas más o menos de
progreso. En ese día la ocupación militar de Chile, la destrucción
del legítimo poder democrático de la Unidad Popular, lo que
podemos considerar el asesinato objetivo del presidente Allende,
fomenta el holocausto de las izquierdas en el Cono Sur de América
en una operación mancomunada entre Chile, Argentina y Uruguay. Ya
en la década de los 60, el golpe contra el presidente Goulart en
Brasil había sido la señal de que los poderes imperiales estaban
dispuestos a corregir la correlación de fuerzas en América del Sur
mediante el empleo de los militares, especialmente de aquellos
sectores del ejército reeducados en Panamá en una escuela especial
organizada por Estados Unidos, destinada a formar a la parte de la
oficialidad latinoamericana dispuesta a hacer frente a la
subversión comunista. Esta oficialidad fue educada no sólo en
tácticas antiguerrilleras sobre el mapa, sino también en tortura
de guerrilleros en los sótanos del poder y en ocasiones
determinados miembros de las embajadas de Estados Unidos eran
expertos en tortura, como el conocidísimo Dan Mitrione, destinado
a la legación estadunidense en Montevideo. Como ocurre en el poema
advertencia de Bertoldt Brecht, se empieza deteniendo y torturando
a los enemigos más señalados y se acaba deteniendo y torturando a
tu vecino o a ti mismo. Si sumamos los objetivos y efectos de la
Operación Cóndor en Argentina, Chile y Uruguay comprobamos el
papel del cinismo, en el sentido no filosófico de la palabra, en
las estrategias de dominación del capitalismo multinacional y de
su principal fuerza militar disuasoria. La criminalidad
político-militar sólo ha sido reconocida y algo castigada en
Argentina, pero sigue impune en Chile y en Uruguay, y si ha sido
castigada en Argentina se debe a que los militares dirigentes del
proceso represivo cometieron el error de provocar y perder la
guerra de las Malvinas.
El
11 de septiembre de 2003 tiene en Chile una importancia especial
ante todo por una simple cuestión de acumulación aritmética de la
nostalgia. El gran cantautor cubano Pablo Milanés escribió una
canción profética en la que se prometía volver a recorrer las
calles de Santiago ahora ensangrentadas y liberadas por la razón
democrática. Se cumplen 30 años del golpe, gobiernan los
demócratas y los militares se han recluido en sus cuarteles,
aunque siguen formando un corro defensivo en torno de su jefe
histórico, Pinochet. Resultaría higiénico, pero también algo
cínico, que el general fuera juzgado en esta vida, a manera de
anticipo del Juicio Universal, por tribunales de carne y hueso,
mientras su socio en la empresa del 11 de septiembre de 1973,
Kissinger, es premio Nobel de la Paz y normal invitado en los
mejores salones y palcos de campos de futbol. Tampoco la ITT ha
rendido cuentas por si invirtió o no en el golpe chileno de 1973
que le devolvía la hegemonía a la hora de fijar, entre otros, los
precios del cobre.
Pero
como si se tratara de una fecha a la vez monstruosa muñeca rusa,
si en su núcleo lleva la modesta fecha catalana, sobre la que se
enroscó la conmemoración chilena, de pronto el 11 de septiembre de
2001 provoca en Nueva York la primera catástrofe seria padecida
por el nuevo orden internacional desde el final de la guerra fría
y el desmantelamiento del bloque soviético. La propia cultura
dominante del espectáculo impone que cualquier prodigio, positivo
o negativo, ocurrido en Nueva York borre cualquier otra posible
percepción de prodigios. Ni siquiera el bombardeo de la Gran
Muralla o el Taj Mahal o del Kremlin, hubiera podido competir con
el de las neoyorquinas torres del comercio, a poca distancia de
las calles tan bien cantadas y bailadas por Gene Kelly, Dan Dailey
y Frank Sinatra, pintadas con los colores del mejor technicolor
urbano, servida de los ronroneos del saxo onanista de Woody Allen
y sus volátiles madres judías. Además, el bombardeo de Nueva York
revestía caracteres de superproducción cinematográfica, con
aviones comerciales convertidos en proyectiles dirigidos,
inteligentes, inteligentísimos, que apuntaban adonde más daño
podían hacer al sistema.
En
el gran mercado de las tragedias globalizables, mal lo tienen el
11 de septiembre catalán o el chileno para competir con el
estadunidense, propuesto incluso por la extrema derecha que
controla casi todos los poderes en Estados Unidos como el final y
el inicio de una nueva era, la de la justicia infinita o libertad
duradera. El 11 de septiembre estadunidense ha tratado de
legitimar emocionalmente operaciones de piratería internacional
como la invasión de Afganistán o Irak, como el vergonzoso gulaj de
Guantánamo consentido o no impugnado por todos los cómplices del
Imperio del Bien, las matanzas y torturas de resistentes a todas
las invasiones angloestadunidenses, la sofisticada lógica
sangrienta instalada por el Estado de Israel en Palestina, réplica
de la segunda intifada, y al terrorismo resistencialista.
Tal
vez haya que volver de vez en cuando, con toda la intensidad del
cerebro y del corazón, a los onces de septiembre menos
colosalistas, el de los catalanes o el de todos los demócratas del
mundo todavía estupefactos ante el cadáver de Allende ocupante de
todo el horizonte del mundo. Pero sepamos, sabemos, que esa
trilogía de onces de septiembre, Cataluña, Chile, Nueva York
implica a la Santísima Trinidad de la Historia en todas las causas
aplazadas y sobre todo en la lucha contra una de las
conspiraciones culturales más certeras de la nueva derecha: el
descrédito de la memoria histórica. Se trata de construir una
historia sin culpables.

Cono Sur
EL
PAÍS | 17-09-1990
Manuel
Vázquez Montalbán
A
pocos días del rescate del cadáver de Allende, llego a
Montevideo, capital en otro tiempo del Cono Sur de la infamia.
Casi 20 años después de aquella solución final urdida por
el Departamento de Estado, la CIA y los poderes oligárquicos y
militares locales, los balances más benévolos hablan de que a
Chile, Argentina, Uruguay, incluso Brasil, llegó la democracia.
Y es cierto, si se tiene en cuenta el lógico posibilismo de
Alfonsín cuando dijo: "A veces se comprende que la diferencia
que hay entre dictadura y democracia formal es la misma que hay
entre muerte y vida".No voy a poner, pues, peros a la vida, pero
sí a felicitar a los que urdieron aquel plan de muerte, tortura
y persecución porque su éxito estratégico fue total. Hicieron
retroceder la lucha por la emancipación de América Latina casi a
posiciones de partida, con el valor añadido de poblaciones
prudentes, educadas en el santo temor a la picana, a la diáspora,
a la desaparición, a la muerte. Y muchos de los que hoy sonríen
en los balcones presidenciales e incluso se prestan a rendir
honores al cadáver del izquierdista sacrificado por el
golpismo estuvieron cara con cara, codo con codo, culo con
culo con el golpismo, ese mismo golpismo que ahora les ha
regalado la condición de restauradores de la democracia.
Pero
es cierto. La han restaurado. Ya no se tortura y se permite
hacer el censo de los asesinados y los torturados e incluso se
pronuncian frases como: "Un pueblo que olvida su historia está
condenado a volverla a sufrir". Una vez en su sitio los muertos
más exhibibles y hecho el inventaria de los que no tuvieron
donde caerse muertos, todos estos datos serán guardados en el
archivo donde constan los hechos que no deben volver a
repetirse. Y para que no se repitan hay que sonreír, dar la
mano, agradecerle que haya cambiado de compañeros de cara, codo
y culo a esta oligarquía civil que siempre tiene la historia que
se merece.

EL VIAJE
EL
PAÍS | Última - 19-03-1990
Manuel
Vázquez Montalbán
Lo
que hubiéramos dado por viajar en ese avión lleno de demócratas
en peregrinación a Santiago de Chile para contemplar el
espectáculo del definitivo entierro de la Unidad Popular, del
definltivo entierro de Salvador Allende, a tres manos, a tres
golpes de pala: Pinochet... Aylwin y el Departamento de Estado.
Qué bien le salió al Departamento de Estado la cjugada de la
solución final aplicada al Cono Sur: han hecho retroceder la
esperanza de la izquierda hasta el, penúltimo parapeto y han
lavado el cerebro de América con el detergente biodegradante, de
espuma controlada, capaz de destruir el germen más pertinaz del
revolucionarismo y sustituirlo por el happy end de un
democratismo monetarista dirigido por Fondo Monetario
Internacional y todas las demás internacionales empeñadas en la
consagración de un estable orden universal.Según los medios de
comunicación españoles, el presidente González ha desempeñado un
papel estela en ese viaje, un papel de líder de autocar, ese
personaje necesario que siempre tiene a punto la canción
oportuna y, la cucharadita de agua del Carmen con azúcar para
aliviar mareos. Una canción para Carlos Andrés Pérez, el
ametrallador de masa otra para Menem, el regenerador de
golpistas torturadores, y también un bolero, por qué no un
bolero, par Ortega y un toque de atención par Fidel Castro.
Guárdate de las tentaciones numantinas, como si Numancia hubiera
escogido su papel y no se lo hubieran impuesto los asediadores.
Una
palabra adecuada para cada cual y un homenaje a la política
constructora de pantanos del generalísimo Franco, homologada a
la política económica de Pinochet que ha permitido a Chile
cumplir su destino histórico: pagar las deudas externas y
enterrar a los muertos. ¿Acaso no es ése el final, balance feliz
de todos los humanos? ¿El único proyecto posible? Pagar las
deudas, enterrar a los muertos y que nos toque Suspiros de
España la banda municipal de nuestro pueblo, en el final
fatal de todo trayecto.

Garzón entre Pinochet y
Kissinger
Manuel
Vázquez Montalbán
Las disputas en torno de la túnica sagrada del general Pinochet
me sorprenden en viaje por el Cono Sur latinoamericano y percibo
una curiosidad extremada por el juez español Baltasar Garzón.
Dobles páginas en la prensa, chistes que utilizan su nombre para
convertirlo en el tercer rey mago, retratos en las
manifestaciones, a veces incendiados por los pinochetistas en
Santiago, pero las más veces utilizados para exaltar al juez de
la esperanza laica, no al juez de la horca. Los pueblos
periféricos, es decir, todos menos Estados Unidos, solemos
medirnos la estatura a base de campeonatos de Marathon y de
ciudadanos universales. En España presumimos de algunos
españoles universales, como Julio Iglesias y su hijo Enrique,
demostración de que las pesadillas se reproducen por vía
genética; Plácido Domingo y Josep Carreras, un 33,3 por ciento
de los beneficios de los tres tenores; José Antonio Samaranch,
que llegó del franquismo a la presidencia del COI, finalmente
Iván de la Peña, jugador de fútbol fichado por el Lazio, pero
que no ha exhibido sus méritos universalizables debido a una
inoportuna lesión.
Garzón los eclipsa a todos. La especial estructura de la ley en
España hace que los casos importantes pasen por la Audiencia
Nacional y por lo tanto por las manos de media docena de jueces
que se convierten en protagonistas mediáticos, lo quieran ellos
o no lo quieran. Por eso se los llama jueces estrella e integran
un star system del que Garzón es figura privilegiada: ha
perseguido al narcotráfico, al terrorismo de ETA, al terrorismo
de Estado (caso GAL), y al terrorismo de los genocidas chilenos
y argentinos implicados en la Solución Final de la década de los
70. Aquel Holocausto de las izquierdas fue organizado por el
Departamento de Estado USA, en colaboración con algunas
multinacionales, el Pentágono y finalmente los instrumentos
manuales de la matanza, los militares golpistas autóctonos que
desde la caída de Goulart, presidente constitucional de Brasil,
hasta el golpe argentino, perpetraron la sistemática destrucción
de la izquierda latinoamericana para decantar la correlación de
fuerzas de la Guerra Fría. El espectáculo de horror e impunidad
transmitido por la tortura, la matanza, la saña de las
persecuciones, el secuestro de hijos de prisioneros, hay que
cargarlo en el capítulo de espectáculos sangrientos de la
defensa de los valores cristianos de Occidente. En la Argentina,
desacreditados los militares por la huida hacia adelante de la
guerra de las Malvinas, hubo un juicio valeroso, hay que
recordar emocionadamente al fiscal Strassera, pero casi
simbólico. En Brasil y Uruguay ni eso y en Chile, Pinochet y sus
mariachis se han permitido vigilar la democracia desde las
garitas de los cuarteles y desde el Senado convertido en garita.
Se comprende que los peatones de la Historia se pongan tras el
retrato de Garzón, rostro y gesto que materializan la última
esperanza de justicia en este mundo, desde la sospecha de que en
el otro mundo va a continuar la amnistía para cuantos
contribuyeron a salvar los valores de la cristiandad. Conocí a
Garzón en plena tormenta de la instrucción del proceso sobre el
terrorismo de Estado en España. La misma noche en que se había
permitido procesar a destacados políticos socialistas cenamos y
me explicó lo que podía ser explicado, lo que no era secreto
sumarial. Garzón había cometido el error de ir en las listas
electorales del PSOE, motivo por el que fue acusado de perseguir
a los políticos socialistas por despecho. Hasta tal punto la
cúpula dirigente del PSOE hinchó este propósito que mucha gente
en España llegó a pensar que el terrorismo de Estado se lo había
inventado Garzón, de la misma manera que hay gente dispuesta a
creerse que la lucha de clases se la inventó Carlos Marx.
Personalmente me pareció un ser humano entero, dotado de valor
moral, tenaz, con el sentido original de lo justo y lo injusto
que se adquiere cuando se pertenece por origen a las clases
populares. Garzón no se ha inventado a Pinochet. Ni a Videla.
Tampoco los persigue formalmente porque sean chilenos o
argentinos sino porque han torturado y asesinado a ciudadanos
españoles, paso previo para que en el futuro los matarifes sean
perseguidos simplemente por asesinar y matar, a quien sea, y se
lo piensen dos veces antes de ejercer de sicarios del sistema,
de cualquier sistema. Chomsky ha recordado que por encima de los
sicarios nacionales estuvieron en su día Nixon o Kissinger
dirigiendo aquella Solución Final, aquel Holocausto ideológico.
¿Para cuándo, Garzón, una orden de busca y captura de Kissinger,
Premio Nobel de la Paz?

Chile
EL PAÍS | 29-08-1988
Manuel
Vázquez Montalbán
El
pueblo chileno está viviendo una experiencia política que se
parece y no se parece a todas las transiciones de la dictadura a
la democracia. Los fascismos europeos más determinantes fueron
derrocados por una victoria aliada en la II Guerra Mundial y los
dos supervivientes, Portugal y España, vivieron evoluciones
parecidas pero con finales diferentes: a Caetano lo derribó un
golpe de militares izquierdistas y Franco murió dolorosamente en
la cama, y el franquismo se hizo panteísta. No es que haya
desaparecido, está oculto en la naturaleza misma de muchas
personas y demasiadas cosas.Buen conocedor y admirador, de
Franco, el líder fascista que cumplió todo el proceso de
nacimiento, crecimiento, decadencia y muerte con tedéum, el
general Pinochet piensa, sin corregir el modelo, ir más allá y
conseguir algo que Franco no consiguió: la transustanciación de
un dictador en demócrata. La oposición hace sus planes, pero
Pinochet también hace los suyos y no quiere ni ser el chivo
expiatorio de la reinstauración democrática, ni un dictador en
decadencia, acosado progresivamente por sus enemigos de siempre
y por herederos impacientes ante el reparto de la túnica
sagrada.
Pinochet
quiere ganar el plebiscito para meter por el aro a todas las
fuerzas democráticas, confiado en que el cansancio y la
frustración de la derrota en el referéndum trabaja a su favor y
puede romper la frágil unidad del Comando del No. De ganar
Pinochet, sería generoso con los vencidos no marxistas y les
propondría lugares a su derecha y a su izquierda democrática
cuando todos accedan a esa democracia hija del terror y la
muerte que el dictador ha diseñado. No la ha diseñado solo, como
no diseñó solo el golpe de 1973. Las multinacionales y el
Departamento de Estado han contribuido al dibujo pero se
reservan los últimos trazos, últimos trazos que incluso Pinochet
desconoce. Se gaste o no se gaste Pinochet en el plebiscito, se
ultimará el dibujo.

El general Pinochet en los
infiernos
Tomado de la revista
“Araucaria de Chile”, nº 43, 1988, Madrid
Manuel
Vázquez Montalbán
Miles
y miles de muertos, el envilecimiento de un ejército, de unos
funcionarios de orden público dedicados sistemáticamente al
desorden de la tortura privada y la paliza pública, la división
de un pueblo entre los que comen y los que no comen, convertir
un país en emblema universal de la barbarie, forzar al exilio y
a la amenaza de autodestrucción moral a miles de personas..., y
todo para esto. para no poder ganar un plebiscito a un enemigo
al que sólo se le ha dejado un brazo libre un mes antes del día
de las elecciones. Un brazo libre.
Sólo
un brazo, la oposición chilena ha condenado al general Pinochet
al infierno del ridículo histórico, el único infierno que le
faltaba en su colección completa de infiernos. Los que pudimos
verle disfrazado de abuelito y de viejo paisano chistoso
corremos el riesgo de haber contraído una colitis crónica de
imposible terapéutica, por más avances que haga la ciencia. La
breve marcha de Pinochet desde su silueta de matarife a la de
bondadoso aspirante a presidente democrático ha sido una de las
fantochadas históricas más inexplicables ¿Quién ha sido el
asesor de imagen?
¿Quién
ha sido el asesor de tanta macabra inutilidad? ¿Quién metió en
esos sesos trapezoides la idea de que iba a ser el salvador de
Chile y de Occidente? ¿Quién le dijo que había llegado el
momento de cambiar de imagen, vestirse de paisano y sustituir la
bomba incendiaria por el chiste televisivo o la caricia de viejo
ex verdugo sobre las cabecitas de los hijos de sus víctimas?
Sospecho que sus asesores han sido siempre los mismos, dentro y
fuera de Chile, pero sobre todo fuera de Chile. Entre sus
asesores contó siempre, por ejemplo, con otro sarcasmo hecho
hombre: Henry Kissinger, premio Nobel de la Paz, uno de los
urdidores fundamentales del golpe contra Allende. Y a la vista
del resultado de quince años de tan preclara asesoría, en la
hora baja de los sesos trapezoides rotos por la carcajada ajena
y universal, al general Pinochet habría que recordarle la vieja
sentencia: Dios te guarde de tus amigos y tú cuidate de tus
enemigos Y sobre todo cuidate de ti mismo, oh Augusto!
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