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Entendemos
la solidaridad internacional como un proceso altamente
complejo y muy sensible a las situaciones del país que la
genera como del país que la recibe y sujeta a los
vaivenes de las coyunturas internacionales. No es posible
estudiar este proceso sin estudiar al mismo tiempo –al
menos- la realidad de los países implicados. La
solidaridad internacional con el pueblo de Chile fue un
proceso político-social persistente en el tiempo, de
envergadura y sistemático y que concitó el interés y la
preocupación de grupos heterogéneos y amplios de muchos
países del planeta y de organismos de carácter
supranacional. Con todo no fue una línea recta ni siempre
ascendente. Los flujos y reflujos del proceso estuvieron
determinados por la diversidad político-ideológica y por
la cantidad/calidad de la lucha política de los países
involucrados.
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Por
la amplitud, extensión y continuidad, por la variedad
sociopolítica de sus participantes, por la heterogeneidad
de los organismos e instituciones, y por la infinidad de
hechos prácticos, probablemente se pueda afirmar que este
gran movimiento con la causa de la libertad de Chile no
tenga parangón en las relaciones internacionales sino es
con la ola de solidaridad que suscitó la guerra civil
española o la agresión norteamericana a Viet-Nam.
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El
apoyo jurídico-político internacional que fundamentó la
potencia del movimiento solidario fueron las 16 condenas
consecutivas de la Asamblea General de las Naciones Unidas
por la violación sistemática de los derechos humanos por
la dictadura pinochetista, además de los acuerdos, toma
de posición, declaraciones y resoluciones de innumerables
instituciones supranacionales y estatales tanto oficiales
como de carácter no gubernamental. Además del
posicionamiento antidictatorial de prácticamente todo el
arco de partidos, sindicatos, de organizaciones de
derechos humanos, juveniles, religiosas, de cooperación y
solidaridad.
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Chile
desde 1970, coincidiendo con el triunfo de la Unidad
Popular, y por las características del proceso
revolucionario chileno, se transforma en un punto de
interés importante en los medios de comunicación.
Acaecido el golpe de Estado, las imágenes de La Moneda
bombardeada y en llamas, la alocución del Presidente
Allende desde Radio Magallanes y su negativa primero a
aceptar ningún acuerdo con los generales golpistas y su
muerte luego de un combate desigual, dieron la vuelta al
mundo. Fue el inicio de l tragedia que vivimos los
chilenos durante 17 años y el comienzo de una cobertura
informativa de extraordinaria magnitud. El papel de los
medios de comunicación jugó un papel muy importante como
socializador –en lo esencial- de la represión de la
dictadura como de la lucha del pueblo de Chile en contra
de la misma. La precisión que cabe en este punto es que
un amplio, sostenido y sistemático proceso solidario
presupone una amplia, sostenida y sistemática cobertura
informativa, pero el curso contrario, no admite la
evolución necesaria de una vasta solidaridad.
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El
aporte indispensable lo proporcionaron miles y miles de
personas y organizaciones de los cinco continentes que de
manera desinteresada entregaron su trabajo y su tiempo en
sostener altas las banderas de la solidaridad con Chile y
proporcionando ayuda a miles de compatriotas. Cabe
mencionar aquí a los chilenos, que a medida que llegaban
a los países de exilio crearon o se incorporaron a
organizaciones que promovían la solidaridad con el pueblo
chileno. Baste mencionar los cientos de Comités de
Solidaridad con Chile y las organizaciones políticas y
sindicales chilenas. Fue posible la solidaridad
internacional con nuestro pueblo por el vasto entramado de
organizaciones, comités, plataformas, que se fueron
creando con el tiempo a nivel de localidades, ciudades,
regiones y países, promoviendo demandas concretas en las
instancias respectivas, y sensibilizando a la ciudadanía
sobre el tema de Chile. Estas fueron el motor incansable
de la lucha contra la tiranía desde el exterior. Fueron
la llave maestra que transformaron la amplia cobertura
informativa en demandas concretas, en otras palabras
hicieron posible el proceso que nos ocupa.
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Como
se puede apreciar, la solidaridad implica un amplio
conocimiento del país con el cual se solidariza y una
alta sensibilidad ética y política. Necesita de
organizaciones que la promuevan. Necesita de la
popularización de reivindicaciones relativamente
concretas. La potencia que pueda alcanzar una iniciativa
precisa del concurso más amplio de fuerzas políticas,
sindicales, culturales, institucionales y de ciudadanos en
general. La solidaridad internacional con nuestro pueblo
no nació por generación espontánea.
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